... "los cronopios no se desaniman ... y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios".
("Historias de cronopios y de famas", Julio Cortázar)
Puesta de nubes
Las nubes son pájaros de Escher volviéndose otra cosa hacia el poniente sobre el agua, las nubes están bajas y es la hora de la casinoche que alcanzo con las manos ...
(Versión libre de un fragmento de "Peligrosas palabras", Luisa Valenzuela:)
Sonidos traspasados de sombras
"Mientras haya en el mundo preguntas para las cuales no tengo respuestas, seguiré escribiendo. (...) ... no es fácil escribir. Es como estar quebrando piedras, Chispas y astillas vuelan como desmenuzado hierro".
... "escribo con el cuerpo. Y lo que escribo es una niebla húmeda.
Las palabras son sonidos traspasados de sombras que se entrecruzan desiguales, estalactitas, encaje, música de órgano transfigurada. Mal puedo pedir palabras a esa red vibrante y rica, mórbida y oscura, con el contrasonido del bajo continuo del dolor. Allegro con brio. Trataré de sacar oro del carbón".
("La hora de la estrella, Clarice Lispector, 1977).
De novela
"No sabía por qué, pero estar ahí, con la popa a la vista (y enteramente vacía) le daba
una seguridad, algo como un punto de partida. (...) Todo lo anterior contaba tan poco, lo único por fin verdadero babia sido esa hora de ausencia, ese balance en la sombra mientras esperaba con Raúl y Atilio, un saldo de cuentas del que salía por primera vez tranquilo, sin razones muy claras, sin méritos ni deméritos, simplemente reconciliándose consigo mismo, echando a rodar corno un muñeco de barro al hombre viejo..."
("Los Premios", Julio Cortázar.)
"¿Qué hace un autor con la gente vulgar, absolutamente vulgar, cómo ponerla ante sus lectores y cómo volverla interesante? Es imposible dejarla siempre fuera de la ficción, pues la gente vulgar es en todos los momentos la llave y el punto esencial en la cadena de asuntos humanos: si la suprimimos se pierde toda probabilidad de verdad."
(Dostoieavki, , El idiota, IV, citada en la novela en la novela “Los premios” de Julio Cortázar)
(...) "la popa estaba enteramente vacía pero no importaba..., no tenía la más mínima
importancia porque lo que importaba era otra cosa, algo inapresable que buscaba
mostrarse y definirse en la sensación que lo exaltaba cada vez más".
importancia porque lo que importaba era otra cosa, algo inapresable que buscaba
mostrarse y definirse en la sensación que lo exaltaba cada vez más".
"Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina."
(“Rayuela, Capítulo XXI, Julio Cortázar.)
La inmóvil sombra del vagón
"Alguna vez durmió y en sus sueños estaba el ímpetu del tren. Ya el blanco sol intolerable de las doce del día era el sol amarillo que precede al anochecer y no tardaría en ser rojo. También el coche era distinto; no era el que fue en Constitución, al dejar el andén: la llanura y las horas lo habían atravesado y transfigurado. Afuera la móvil sombra del vagón se alargaba hacia el horizonte". (En "El sur", Jorge Luis Borges.)
Prejuicios
"La lengua entronada
construye y deconstruye.
Lengua lacerante y sorda
lleva siempre en lo dicho una mirada taxativa,
traducción de un juicio definitivo
que no admite defensa:"
(André Pierroux).
El río que no se ve, el eco que cae en la boca
“En el valle hay un sólido puente de hierro que el tren atraviesa sin cambiar de llanura, rumbo a otra localidad exactamente igual a nuestro pueblo.
Bajo el puente hay nieve en invierno y sombra en verano. Jamás se ve agua en el fondo.
El río no se preocupa del puente; discurre a su lado".
(Fragmento del libro "En tierras bajas" Herta Müller.)
Equivocación de paisaje
.
.
"Aquí y allá la tierra está partida,
mitad desolación, mitad ceniza."
(Delfina Tiscornia Gálvez . "Equivocación del paisaje")
Χάρων
Desde el deseo
Percepciones
Pausas y renovaciones
"Ocurre muy de vez en cuando. Chirría el eje de la tierra y esta se para. Y entonces se para todo: tormentas, navíos y las nubes que pastaban en los valles. Todo. Incluso los caballos en los prados se quedan inmóviles como en una partida de ajedrez por jugar.
Y un instante después el mundo se pone de nuevo en movimiento. El océano traga y regurgita, los valles humean y los caballos pasan del campo negro al blanco. Se oye también un sonoro chasquido de aire contra aire.
("Cuando el mundo se detiene", Poesía Completa, Zbigniew Herbert.)
Confusa memoria del mundo del que procedes.
"La soledad es una amputación no visible, pero tan eficaz como si te arrancaran la vista y el oído y así, aislada de todas las sensaciones exteriores, de todos los puntos de referencia, y sólo con el tacto y la memoria, tuvieras que reconstruir el mundo, el mundo que has de habitar y que te habita.”
(Fragmento de "La soledad era esto", Juan José Millás.)
Versiones de la fatiga
"Iban y venían, ... silenciosos, como vuelan las moscas de otoño cuando el calor, la luz y el verano han pasado, penosamente cansadas, irritadas, arrastrando sus alas muertas contra los vidrios."
(Fragmento de "Las moscas de otoño", Irène Némirovsky.)
(Fragmento de "Las moscas de otoño", Irène Némirovsky.)
Las alas que sostienen el mundo
XXIII
Siempre habrá tiempo,
pero nunca sabremos qué será
de la hoja barrida por el viento
sobre tanta aridez tan calcinada.
El cielo sin clemencia del verano
no sacia la sed
de quien se apoya en la ventana:
sobre las ramas secas que arden tiembla el aire
y en la trágica inminencia
las alas de la mariposa que sobrevuela el fuego
sostienen el mundo.
(Poema de Alberto Szpunberg)
El viaje de las palabras

"Escribo por falencia, por descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas".
(Fragmento de "La vuelta al día en ochenta mundos", Julio Cortázar.)
En el eco sostenido del silencio
XII
Hojas
como alas
en
el viento,
sorprendidas,
por
temor de la sangre,
íntimos
ríos,
que
llevamos y nos llevan
al
encuentro de nosotros
como
un pálpito
en
el eco sostenido del silencio.
(“Cómo
solo la muerte es pasajera”, Alberto Spunberg.)
Sutil cadencia
Mudez de pájaros y viento
Como una lágrima de silencio en los ojos del pájaro
"... Una mirada perdida en el pájaro,
un pájaro perdido en la mirada
... Las olas perseguidas por los ojos
Las olas perseguidas por el silencio
El silencio en la mirada del pájaro
Las olas en la mirada del pájaro
.. Es preciso crear la luz y el sueño
En el hueco de la mano" (...)
(Fragmento de "Un día vendrá", en "El ciudadano del olvido", Vicente Huidobro.)
Después del aguacero
¿Viste
cómo llueve? Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo va a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como esa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que
confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo va a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como esa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.
("Llueve”
poema de Claudia Masin, de su libro “La Plenitud ”)
La voz del agua dulcemente cierra el mundo
El llamado del río
(…) “Había otra cosa y era esa
leve fragancia que en determinados momentos llegaba del monte sin poder
precisar su origen porque no era un olor único y reconocible, como el del jazmín
del país, por ejemplo, sino un olor vago y general, un olor del tiempo. Y el
río trajo sus cosas también. Sobre todo aquel llamado que nos urgía desde todas
partes, principalmente desde el río abierto que resplandecía cada vez más.
Entonces nuestros pechos se dilataron como si les faltara el aire y se apoderó
de nosotros un ansia desmesurada de partir porque la tierra debajo de nuestros
pies se había tomado extraña y todos los lugares estaban allí, de alguna manera presentidos, enviándonos sus mensajes a través del río. (“Todos los veranos”, Haroldo
Conti, Cuentos completos).Respiración
"Y atrapó el aire
para volver a ver
y respiró
como si inaugurara el mundo."
("Respiración", Victoria Olleros")
De qué aire se cubre la luz
XXIX
La hiedra reverdece en la pared del patio,
un brote se asoma a mi ventana
y me explica por qué has venido,
de qué aire
la luz violeta
se cubre de estrías doradas
y tus ojos, como un milagro, amanecen.
(Alberto Szpunberg, "El libro de Judith")
La hiedra reverdece en la pared del patio,
un brote se asoma a mi ventana
y me explica por qué has venido,
de qué aire
la luz violeta
se cubre de estrías doradas
y tus ojos, como un milagro, amanecen.
(Alberto Szpunberg, "El libro de Judith")










