En el eco sostenido del silencio

XII
 
Hojas como alas
en el viento,
sorprendidas,
por temor de la sangre,
íntimos ríos,
que llevamos y nos llevan
al encuentro de nosotros
como un pálpito
en el eco sostenido del silencio.


(“Cómo solo la muerte es pasajera”, Alberto Spunberg.)

Sutil cadencia





"Dame una respiración que no se agite
ni se quiebre. Dale a mi corrazón un  ritmo
sereno y constante: el cielo de las estaciones,
las fases de la luna, el previsible, calmo tránsito
de los días y los meses".

(Claudia Masin, "Abrigo")

Mudez de pájaros y viento






"Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas".


                                  Alejandra Pizarnik.

Como una lágrima de silencio en los ojos del pájaro


"... Una mirada perdida en el pájaro,
un pájaro perdido en la mirada
... Las olas perseguidas por los ojos
Las olas perseguidas por el silencio
El silencio en la mirada del pájaro
Las olas en la mirada del pájaro
.. Es preciso crear la luz y el sueño
En el hueco de la mano" (...)

(Fragmento de "Un día vendrá", en "El ciudadano del olvido", Vicente Huidobro.)

Después del aguacero

¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo va a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como esa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.

                                                              ("Llueve” poema de Claudia Masin, de su libro “La Plenitud”)

La voz del agua dulcemente cierra el mundo







"Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado".






(Fragmento de "Lluvia", poema de Juan L. Ortíz)

El llamado del río

(…) “Había otra cosa y era esa leve fragancia que en determinados momentos llegaba del monte sin poder precisar su origen porque no era un olor único y reconocible, como el del jazmín del país, por ejemplo, sino un olor vago y general, un olor del tiempo. Y el río trajo sus cosas también. Sobre todo aquel llamado que nos urgía desde todas partes, principalmente desde el río abierto que resplandecía cada vez más. Entonces nuestros pechos se dilataron como si les faltara el aire y se apoderó de nosotros un ansia desmesurada de partir porque la tierra debajo de nuestros pies se había tomado extraña y todos los lugares estaban allí, de alguna manera presentidos, enviándonos sus mensajes a través del río.                            (“Todos los veranos”, Haroldo Conti, Cuentos completos).

Respiración



"Y atrapó el aire
para volver a ver
y respiró
como si inaugurara el mundo."

("Respiración", Victoria Olleros")



De qué aire se cubre la luz



XXIX
La hiedra reverdece en la pared del patio,
un brote se asoma a mi ventana
y me explica por qué has venido, 
de qué aire
la luz violeta
se cubre de estrías doradas
y tus ojos, como un milagro, amanecen.
(Alberto Szpunberg, "El libro de Judith")


Logogrifo

                                                
                                                                               Palabras y enigmas.

Como un salmo, la luz


"Para moversse en el revés de la sombra,
repite, como una letanía, 
el canto de la creación"
(Victoria Olleros, Nunca la oscuridad.)

Como entre lágrimas al través de los claros flecos del agua

..." La tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces, ya como huesos; se sentía flotar sobre ella una fiebre de sed, un jadeo, que torturaba los hombres.
Las nubes oscuras como sombras de árbol se habían ido, se habían perdido tras de los últimos cerros más altos, se habían ido como el sueño, como el reposo. El día era ardiente. La noche era ardiente, encendida de luces fijas y metálicas.

En los cerros y los valles pelados, llenos de grietas como bocas, los hombres se consumían torpes, obsesionados por el fantasma pulido del agua, mirando señales, escudriñando anuncios...

(...) Bajo sus pies descalzos crujían las hojas vidriosas. Miraba a ambos lados las largas hileras del maizal amarillas y tostadas, los escasos árboles desnudos y en lo alto de la colina, verde profundo, un cactus vertical. A ratos deteníase, tomaba en la mano una vaina de frejol reseca y triturábala con lentitud haciendo saltar por entre los dedos los granos rugosos y malogrados.
A medida que subía el sol, la sensación y el color de aridez eran mayores. No se veía nube en el cielo de un azul llama. (...)
Todo lo que se dominaba del paisaje, desde la colina, era una sola variedad de amarillo sediento sobre valles estrechos y cerros calvos, en cuyo flanco una mancha de polvo calcáreo señalaba el camino.

No se observaba ningún movimiento de vida, el viento quieto, la luz fulgurante. Apenas la sombra si se iba empequeñeciendo. 
Parecía aguardarse un incendio.
(...) El aire estaba espeso e irrespirable, el sudor le corría copioso y él giraba y corría siempre aguijoneado por la angustia.
... Era agonía. Era sed. Un olor de surco recién removido flotaba ahora a ras de tierra, olor de hoja tierna triturada.

                                                                  (...) Una gruesa gota fresca estalló sobre su frente sudorosa. Alzó la cara y otra le cayó sobre los labios partidos, y otras en las manos terrosas.
... Y otras frías en el pecho grasiento de sudor, y otras en los ojos turbios, que se empañaron...
Ya el contacto fresco le acariciaba toda la piel, le adhería las ropas, le corría por los miembros lasos.
Un gran ruido compacto se alzaba de toda la hojarasca y ahogaba su voz. Olía profundamente a raíz, a lombriz de tierra, a semilla germinada, a ese olor ensordecedor de la lluvia.
Ya no reconocía su propia voz, vuelta en el eco redondo de las gotas. Su boca callaba como saciada y parecía dormir marchando lentamente, apretado en la lluvia, calado en ella, acunado por su resonar profundo y basto".(...)

         (Fragmento de "La lluvia", Arturo Uslar Pietri.)

Simpleza que no hace falta explicar

"la luna tiene un caso con el sol. Yo no sé bien pero la vieja Jashi sabe. La luna se muere y la gente tiene que hacerla vivir de nuevo” 



(Fragmento de Shunko, Jorge W. Abalos, 1949).

El hablador

















 "Las oyentes seguían, inmóviles, silenciosas, asintiendo, lo más, de vez en cuando, con un leve movimiento de cabeza, como si cada quien escuchara la versión nueva de la historia del mundo, como si compararan ésta con la suya propia.".





           (Fragmento de "El cantar del profeta y el bandido",
                                              Héctor Tizón).

El río metido adentro


                                                 "El viento sopló desde el río. Aquella brisa húmeda y furtiva, 
                                                              semejante al roce de una sombra"
                                                         (Fragmento de "Sudeste", Haroldo Conti.)

Dos tiempos y dos luces



                                          "Entraron de lleno al invierno.Y fue como si atravesaran un largo 
                                                            y desolado valle sumido en las penumbras". 
                                                                        ("Sudeste", Haroldo Conti").

El río cambia





“El río cambia. A veces es duro y amargo, pero otras veces
                                                             parece hecho a la medida del hombre" 
                          



(Fragmento de "Sudeste", Haroldo Conti)

Como un pájaro

“Como un pájaro
la lengua vuela en arcos de palabra escrita
La lengua está amarrada y sola en la boca”

(“Palabras II” - John Berger, Poesía 1955-2008 (Círculo de Bellas Artes, 2014.)

Mirando el agua

"Pasaba mucho tiempo en el muelle, mirando el agua. Incluso si llovía suave se instalaba en la punta, observando, sintiendo, dejando que los poros se adivinen en la humedad. Veía las gotas de arriba penetrar la masa de agua de abajo. Veía la forma blanda, sumisa, en que la lluvia se funde para entrar al cuerpo del río. Como las gotas se disuelven a sí mismas cuando lo tocan. 


Morir en el contacto para entrar en otra forma de vida. Algo debía desaparecer si quería la unión, algo del sí mismo, genuino, debía renunciarse, si quería ser parte de ese todo. O voluntad o simple destino de agua, o una de sus tantas mutaciones. Todas estas cosas son ciertas."
("Delta", Fedra Spinelli).

Respiración exacta


… "el hilo del lenguaje me lleva por zonas inesperadas  que, página a página van cambiando de matices; el tono es esencial para la narrativa, y también esencial para la respiración exacta" …

                                               (Fragmento de “Peligrosas palabras”, Luisa Valenzuela).

Lo que queda detrás


"Amanece. Detrás, el dolor".
Victoria Olleros - Nunca la oscuridad.

La noche de los estudiantes - México - Octubre del 68


"Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con que hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados que no saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro estarán allí hinchándose bajo la lluvia, después de una feria en donde el centro del tiro al blanco lo serán ellos, niños-blanco, niños que todo lo maravillan, niños para quienes todos los días son día-de-fiesta, hasta que el dueño de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran así el uno junto al otro como la tira de pollitos plateados que avanza en los juegos, click, click, click y pasa a la altura de los ojos, ¡Apunten, fuego!, y se doblan para atrás rozando la cortina de satín rojo. 

El dueño de la barraca les dio los fusiles a los cuicos, a los del ejército, y les ordenó que di .spararan, que dieran en el blanco, y allí estaban los monitos plateados con el azoro en los ojos, boquiabiertos ante el cañón de los fusiles. ¡Fuego! El relámpago verde de una luz de bengala. ¡Fuego! Cayeron pero ya no se levantaban de golpe impulsados por un resorte para que los volvieran a tirar al turno siguiente; la mecánica de la feria era otra; los resortes no eran de alambre sino de sangre; una sangre lenta y espesa que se encharcaba, sangre joven pisoteada en este reventar de vidas por toda la Plaza de las Tres Culturas."

(Fragmento de "La noche de Tlatelolco" de Elena Poniatowska.)

Gotas

"Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 


Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".


("Aplastamiento de las gotas" Julio Cortázar.)

Agua y madera


"La madera cruje en la noche, la casa emite sonidos en la oscuridad, todos los seres que la habitan mantienen entre susurros una conversación.

Agua y madera en danza mecen las cosas de la superficie. Ir y venir, vaivén. Hay tanto para aprender de la biología del mundo".
("Delta",  Fedra Spinelli (poeta y periodista argentina- 1970).

Las casas sueñan que son barcos cuando hay viento ... (Silvina Ocampo)


“De noche no sólo navegan los barcos, sino las casas. Los crujidos de las maderas anuncian buen tiempo o mal tiempo. Y si no nos dormimos, hasta podemos marearnos.” 

("Ejécitos de la oscuridad", Silvina Ocampo.)



Camino de silencio y sombra

  
“A solas caminé en el laberinto
Aproximé mi rostro al silencio y la sombra
Para buscar la luz de un día limpio”.



(“Laberinto”, Sofía de Mello Breyner Andresen, “Antología poética”– Traducción Rodolfo Alonso)


Cuando los trenes unían los pueblos


.(…) “recuerdo cómo nuestra pequeña casa temblaba al paso del tren.
Presentíamos su llegada por un leve temblor, imperceptible para el que no tenía ese hábito, seguramente.  Entonces yo salía hasta las vías y apoyaba un oído sobre un riel.
Allí lo confirmaba y regresaba corriendo a mi casa, dando alaridos de alegría; enseguida me subía a la tapia y recién al cabo de un tiempo asomaba el humo oscuro en el cielo, para aparecer luego la negra figura de la locomotora. 



Después pasaba el tren, haciendo sonar estridentemente el pito de la máquina. Yo saludaba estirando los brazos y gritando. Al cabo, cuando el tren se había perdido nuevamente en la curva, nuestra casa cesaba de vibrar. 

Creo que todo lo aprendí al lado de las vías ferroviarias: a espera, la alegría eufórica, la impaciencia. Amaba a esa gente que pasaba a mi lado mirando a través de las ventanillas y a las que yo saludaba feliz.  A esa gente que todas las semanas de todos los meses del año, iba y volvía y me miraba a través de las ventanillas.
También me gustaba esperar los trenes desde el río; y desde allí, debajo del puente de hierro, estirado de espaldas sobre la arena, aterrorizado, lo miraba pasar encima de mí, observaba esas entrañas de monstruo, a toda velocidad, despidiendo ascuas y ceniza. Después quedaba el cielo, arriba, oscuro, encerrado entre los gruesos barrotes de los durmientes del puente. 


Al rato, solamente el murmullo del río y el canto de algunos chalchaleros entre los árboles de la ribera”.  
                                       (Fragmento de “A un costado de los rieles”, Héctor Tizón.)

Viento


"Trae el viento la sed de todos estos años
... .  Ruge el viento, arma remolinos en la tierra.".

("El viento que arrasa", Selva Almada.)

Los contornos de lo dicho


“Las palabras sólo son las sombras de los hechos”, ("Alguien ha llamado"; Héctor Tizón)

Temperatura exacta


"El habla y el silencio enhebran formas,
entrelazados, perfilan un tapiz
con realces y declives,
temperaturas, marcas y secretos".

(fragmento de "Nombres y reflejos", Clay Donovan.)

Dejarse fluir


… “Leer es viajar a la deriva. Estar a merced del río. Es convertirse en objeto de arrastre." (Fragmento de" Delta",  Fedra Spinelli).