Fervor del tiempo



En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.















Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y un sabor de polvo
que fue rosa o camino.
El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta 
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra. 

Julio Cortázar, "Resumen en otoño",
Salvo el crepúsculo (1984).

Visión fugaz


“Telas maravillosas, seda,
… mil colores, naranja, blanco, ocre, argento,
… sólo el rumor de esos colores ondulantes en el aire, impenetrables, más ligeros que la nada”.

Fragmento de “Seda” Alessandro Baricco.

Para cantar el himno de la vida


“Las primeras gotas levantaron polvo. Luego el pardo de la  tierra tornóse oscuro y toda ella esparció un olor fragante.
Se elevó un jubiloso coro de mugidos, relinchos y balidos. Retozaron las vacas y los potros. Y los campesinos dilataron las narices sorbiendo las potentes ráfagas de la áspera fragancia. Fulgían los relámpagos, retumbaban los truenos, el cielo entero se desplomó trepidando. Y fue la tormenta una larga tormenta de alegría. Tierra y cielo se unieron a través de la lluvia para cantar el himno de la vida”.










Fragmento de la novela “Los perros hambrientos”,  Ciro Alegría, (1939).

El sol de mediodía su mirar quemaba


"Solito en ese morro seco, esa tarde, lloré por los comuneros, por sus animalitos 
hambrientos.  Las  lágrimas  taparon  mis  ojos;  el  cielo  limpio,  la  pampa,  los  cerros 
azulejos, temblaban; el Inti, más grande, más grande… quemaba al mundo"
(...)
" Parecía que el  Sol estaba quemando el  corazón de  los  cerros; que estaba 
secando  para siempre  los  ojos  de  la tierra"
Fragmento de "Agua", José María Arguedas (1933).

A manos llenas


"En el abrazo
 se volvió  alegría". 
Victoria Olleros, "Nunca la oscuridad ".

Adentro del paisaje


"Hay un paisaje adentro del paisaje, adentro de los árboles; un paisaje en cada rama, adentro de las ramas; en las hojas, adentro de las hojas, adentro de los ojos".

Victoria Olleros, "Paisaje Inaugural".

Otras formas posibles


Parafraseando a Italo Calvino, podría haber Paisajes Invisibles, un atlas que representara paisajes desconocidos aun para los geógrafos, sin una ubicación en las cartografías oficiales, que no podrían faltar entre las formas posibles.

Indagaciones

... "Sed adentro
 hasta donde el mar se seca noche"

                                             Fragmento de "Sed adentro", Hugo Mujica.

La voz del bandoneón

 " Un farol balanceando en la barrera
Y el misterio de adiós que siembra el tren. 


Un ladrido de perros a la luna 
  El amor escondido en un portón.


Y los sapos redoblando en la laguna ...
.

... Y la luna chapaleando sobre el fango
Y a lo lejos, la voz del bandoneón".
... 

Fragmento de "Barrio de tango", Homero Manzi.

En ese jardín, esa infancia


"En el jardín de casa, en mi infancia, había una esfinge de porcelana azul y roja cuyos ojos fríos me cautivaban. No me asombraban sus patas y garras de animal, no me asombraban sus pechos de mujer, tampoco me hubiera asombrado que despegar sus labios para hablarme. Cuando llovía se ponía verde, cuando brillaba el sol se ponía más azul. Yo la alimentaba de secretos apoyando mi cabeza contra su cabeza para descansar de las mujeres reales que me rodeaban. Un día la esfinge desapareció del jardín. Demolieron la casa. Ahora siempre busco a esa esfinge en todas las casas de remates, en todas las demoliciones, y creo vislumbrarla cuando se trata a veces de plantas ocultas entre vidrios o de jarrones de porcelana que tiene el mismo color azul y colorado".

Fragmento de "Ejércitos de la oscuridad", Silvina Ocampo, Sudamericana, 2008

Hondura y pájaro

        "Las voces tienen legua
         Apartadas estancias miden las grandes tierras                                                                     y los últimos cielos,          
          y rumores de hacienda confirman lo apacible,
       y un aire encariñado, de lejos, vuelve al trébol”.

Fragmento de “Luz de provincia”,
del libro "Conocimiento de la noche"
Carlos Mastronardi.

Silencio y río


"La hierba amarillenta, el puente roto,
y la canoa quieta en el remanso,… 
mariposas y sol,
 silencio y río, 
en la senda con sombra de manzanos."
Fragmento de "La senda de los manzanos",
Enrique Banchs.

Esa resplandescencia

El melón

“Los melones siempre nos parecieron, por una especie de negación, la fruta de la sequía. Después de caminar por los valles parcelados o por la agrietada tierra de las planicies polvosas, llegamos a donde había melones y los comimos como quien extrae agua de un pozo en un oasis. Eran improbables, nos reconfortaban, pero de hecho no saciaban nuestra sed. Aun antes de abrirlos, los melones olían a un agua dulzona y encerrada. Su aroma pesado no tiene filos. Para saciar la sed uno necesita algo agudo. (Los limones son mejores.)

Cuando son pequeños y verdes, unos melones pueden sugerir juventud. Pero rápidamente la fruta se torna algo sin edad—como una madre para su hijo. Las imperfecciones de su piel—y siempre hay algunas—son como lunares o como marcas de nacimiento. No son el signo de la maduración como las rugosidades de otras frutas. Confirman simplemente que este melón es único y que siempre será él mismo.
Para alguien que nunca ha comido uno, su exterior no da idea alguna de lo que se puede hallar adentro: ese naranja flagrante, nunca visto hasta el momento de abrirlo, que tiende hacia el verde. Las abundantes semillas que yacen en el hueco central son del color de flamas pálidas, pero húmedas, y su espaciamiento y su conglomeración desafían cualquier sentido del orden. Y por todas partes esa resplandescencia.
El sabor de un melón conlleva oscuridad y luz de sol. Así, milagrosamente, une estos opuestos que no podrían existir juntos de otra forma”.

                                                                         Fragmento de “Aquí nos vemos”, de John Berger. 

Como una brisa profunda


"El silencio, por cierto, era de una trama tan efímera, tan huidiza
como el día del agua, como la celestia del agua, como la lunación del agua". Juan L. Ortiz.

A la intemperie


A LA CASA EN VENTA

                          de Esther de Izaguirre

Te vendimos.
Como se vende un pan.
Como a una esclava en un mercado antiguo.
Y hubo algún vendedor
con barbas de saber bien lo que hacía:
señalaba la blancura de tus muros,
manoseaba tus árboles perplejos.
Pude tasar la infancia de mis hijos,
las lluvias y las siestas de veinte años,
las caricias de Negro, de aquel perro
que se quedó dormido entre mis brazos.
Y cómo pude ver que, terminada
la ceremonia oscura de la entrega,
otra cara, otra voz, otra mirada
hacia un no sé y un nunca te llevaba
entre el rumor creciente de la feria.
Yo debí pasar hambre hasta quedarme
con todo el corazón a la intemperie,
antes que ver hollados los recuerdos
por pisadas ajenas.
Hoy buscaré un mercado, uno cualquiera,
para vender mis culpas.
Y mi pena.

Ese liviano pájaro de luz



“Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido”.


Idea Vilariño (Poeta uruguaya, 1920- 2009)

Probar la sal de la tierra



"Inventamos utopías para el futuro. Hoy tenemos la tendencia a idealizar el pasado. 

Los ladridos en medio de la noche eran casi siempre ignorados. A casi nadie le importaban. Aguantar. Resistir. Esquivar la desesperanza. Devolver el golpe. 

Creer en la virtud a pesar de todo. Probar la sal de la tierra. Y convencerse de que el sistema actual no puede durar. No puede. No fue siempre así".

Fragmento entrevista a John Berger, ABC Cultural



Los colores del sonido, horizonte e infancia

La isla es un drama geográfico


"Como yo soy criatura de islas, acontéceme que pienso mucho en ellas. Creo auscultarles el corazón y percibir el angustiado soplo de la víscera. Creo saber más de su intimidad, de su naturaleza singular que aquellos que les miden cabos, montes o puertos. Más de una vez he escrito sobre ellas, y seguiré escribiendo si Dios quiere. La mía, sobre todo, la tengo como un pájaro exquisito que nunca toco sin un miedo oscuro de quebrarle las alas".

Dulce María Loynaz, "Un verano en Tenerife ".


El sentido íntimo de las cosas







¿He meditado sobre Dios y el alma 
Y sobre la creación del mundo? 
No sé. Para mí pensar en esto es cerrar los ojos 
Y no pensar. Y correr las cortinas 
De mi ventana ( que no tiene cortinas ).



(Fragmento de poema V de "El guardador de rebaños" - Alberto Caeiro, heterónimo de Fernando Pessoa).