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Las ciudades y los ojos

"Al llegar a Fílides, te complaces en observar cuantos puentes distintos uno del
otro atraviesan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas,
colgantes, con parapetos calados;
 cuantas variedades de ventanas se asoman a las calles:
 en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o por rosetones; 
cuántas especies de pavimentos cubren el suelo:
 cantos rodados, lastrones,grava, baldosas blancas y azules. 


En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por los muros de la fortaleza, las estatuas de tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz el que tiene todos los días a Fillides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada.


Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días.
Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas 
en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde
el pie tropieza si no te fijas. 

Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar a la tienda de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que se encuentra fuera de los ojos sino adentro, sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre es porque por el pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o bien sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que si ya no recuerdas dónde estaba.




Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si
recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se
sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa".

(Fragmento de "Las ciudades invisibles", Italo Calvino:)

Las ciudades y los signos

 "La memoria es redundante:
 repite los signos para que la ciudad empiece a existir"



(Fragmento de "Las Ciudades invisibles". Italo Calvino.)


El proyecto


"El que llega a Tecla poco ve de la ciudad,
 detrás de las cercas de tablas, los abrigos de arpillera, 
los andamios, las armazones metálicas,  los puentes 
de madera colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda, los esqueletos de alambre.


A la pregunta: ¿Por qué la construcción de Tecla se hace tan larga?, 
los habitantes, sin dejar de levantar cubos, de bajar plomadas, de mover de arriba abajo largos pinceles:

Si, satisfecho con la respuesta, 
alguno apoya el ojo en la rendija de una empalizada, 
ve grúas que suben otras grúas, 
armazones que cubren otras armazones,  
vigas que apuntalan otras vigas.

-¿Qué sentido tiene este construir? -pregunta-. 
¿Cuál es el fin de una ciudad en construcción sino una ciudad?  
   ¿Dónde está el plano que siguen, 
el proyecto?

-Te lo mostraremos apenas termine la jornada;
 ahora no podemos interrumpir —responden.
El trabajo cesa al atardecer. 
Cae la noche sobre la obra en construcción. 
Es una noche estrellada.—Éste es el proyecto —dicen."

(Fragmento de "Las ciudades invisibles", Italo Calvino.)

Ciudades que cobran forma y se desvanecen

"Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque ... pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. "

(Fragmento del Prólogo de "Las ciudades invisibles,  Italo Calvino.)

Ciudad del deseo edificada con sueños y memorias

"Lo que le importa  ...  es descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis. 



Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, 
signos de un lenguaje; 
son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, 
pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, 
son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. ”.

(Fragmento "Las ciudades invisibles, Italo Calvino.)

Los límites de la ciudad


“Ahora diré cómo es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas 
por cuerdas y cadenas y pasarelas. . 


Ésta es la base de toda la ciudad: una red que sirve para pasar y sostener. 
Todo lo demás, en vez de alzarse encima, 
cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, 
casas en forma de bolsa



“Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite”.


(Fragmento de "Las ciudades invisibles", Italo Calvino.)

Un atlas de formas infinitas


“El atlas tiene esta virtud: revela la forma de las ciudades que todavía 
no poseen forma ni nombre. (...) 






El catalogo de las formas es interminable: hasta que cada forma no haya encontrado su ciudad, nuevas ciudades seguirán naciendo. Donde las formas agotan sus variaciones 
y se deshacen, comienza el fin de las ciudades”. 





 (Fragmento de “Las ciudades invisibles”, Italo Calvino.)

Otras formas posibles


Parafraseando a Italo Calvino, podría haber Paisajes Invisibles, un atlas que representara paisajes desconocidos aun para los geógrafos, sin una ubicación en las cartografías oficiales, que no podrían faltar entre las formas posibles.