"He declarado con verdad. Limpia y profunda. Letra en mi voz tardía. A mis espaladas negros, circulares y mezquinos cristales. Estoy en viaje, liviana y vertical. He abierto por siempre,
"... línea de la primera escritura palabra de una lengua perdida intento escucharte ... cuando no eres nada más que un barco al final de su viaje nada más que una escritura muda".
(Fragmento de "El color del tiempo", Clarisse Nicoïdski.)
"A la orilla del río un niño solo con su perro. A la orilla del río dos soledades tímidas que se abrazan. ¿Qué mar oscuro, qué mar oscuro, los rodea, cuando el agua es de cielo que llega danzando hasta las gramillas? A la orilla del río dos vidas solas que se abrazan. Solos, solos, quedaron cerca del rancho. La madre fue por algo. El mundo era una crecida nocturna.
¿Por qué el hambre y las piedras y las palabras duras? Y había enredaderas que se miraban, y sombras de sauces, que se iban, y ramas que quedaban… Solos de pronto, solos, ante la extraña noche que subía y los rodeaba: del vago, del profundo terror igual, surgió el desesperado anhelo de un calor que los flotara. A la orilla del río dos soledades puras confundidas sobre una isla efímera de amor desesperado. El animal temblaba. ¿De qué alegría temblaba? El niño casi lloraba. ¿De qué alegría casi lloraba? A la orilla del río un niño solo con su perro". ("A la orilla del río", J. L. Ortiz .)
"Se ha roto el río. Pedazos de espejos rotos navegan por todas partes. Van espejos con caballos. Espejos rotos, con árboles. Se ha roto el río. Desazogados cristales rotos, azules y verdes, que no podrá juntar nadie. Se ha roto el río. Y el cielo, roto en el aire, no sabe ya en donde verse, en donde, roto, mirarse". “Baladas y canciones del Paraná - Canción 7", Rafael Alberti.
"Son cosas venidas del mar. O de otra estrella. Guijarros, erizos, astros pequeños y vagabundos, sin brújula, sin norte, con paso incierto. Poco tardan. Como la felicidad"... (Fragmento de "Venidas del mar”, de "Los surcos de la sed", Eugénio de Andrade.)