Por esos soles que nos fueron mezquinos

... "Entonces lloramos
arduos ruedos de lágrimas
por esos soles que nos fueron mezquinos...
las sombras nuestras de cada día
...

por la mitad en sombra
tan lejos de la estación 
tan extranjera.".




(Fragmento de "Eclipse", Olga Zamboni.)

De raíces y sombras

"En este jardín no había ninguna diversidad,...
Sólo había un árbol. Uno solo. El jardín era eso, ese árbol”.


(Fragmento de"Lluvia de verano", Margeuerite Duras. 

Máscaras del agua

 

Y así fuera del tiempo, 
la lluvia viene a poner un punto, con una sola gota.
Puede escribir,en cualquier superficie
sobre la tierra. 
Hay pocos lectores capaces
de leer con los dedos un lenguaje húmedo  aunque escurridizo.
La tormenta no juega en tardes de rondas.
Baila en su disfraz de carnaval 
con su máscara torrencial.
y por detrás de esos velos de agua
clama por los que tienen sed.

("Máscaras del agua", Clay Donovan.)

Los pájaros queman el viento

"Hay que salvar al viento
Los pájaros queman el viento
en los cabellos de la mujer ...
Hay que salvar al viento".


(Fragmento de "Origen", Alejandra Pizarnik, De "La última inocencia", 1956.)

Alguien entra en el silencio

"Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed".


(Fragmento de "Encuentro", Alejandra Pizarnik.)
Escultura: Flor de Irupé, Luis Perlotti.

La gama de lo posible

"Lo que hace diferente la vida de un pueblo es que éste es también un retrato 
vivo de sí mismo

un retrato comunal, en cuanto que todos son retratados y retratistas.
Al igual que las tallas de los capitles románicos, existe una identidad de espíritu 
entre lo que se muestrra y el modo de mostrarlo, 
como si los esculpidos y los escultores fueran las mismas personas. 


Pero, sin embargo, el retrato que cada pueblo hace de sí mismo 
no está construido con piedras sino con palabras,
 habladas y recordadas: con opiniones, historias, 
relatos de testigos presenciales, leyendas, comentarios y rumores.
 Y es un retrato continuo..."



(Fragmento de "Puerca tierra", John Berger.)

Dentro de las palabras

"Ella le cambió la vida con un libro: un diccionario que explicaba el origen de las palabras. Clement no dejó de leerlo durante los siguentes treinta años, 
y nunca se olvidaba de lo que aprendía. Llegó a ser una pasión. 
Abría las palabras como si fueran ostras 
para encontrar dentro de ellas el verdadero significado. 
A través de las palabras escuchaba el pasado y lo que él creía que era verdad". 



(Fragmento de "Lila y Flag", John Berger.)

Inmensa giraluna de fósforo y de plata





"Yo te he visto cortar el limón de la tarde
para teñir tus manos dormidas de amarillo


... y 
te he visto en los rincones ... 
pequeña,
...lejana siempre, 
... recién nacida.
Inmensa giraluna"



(Fragmento de " Apunte para una oda", Federico García Lorca.)

Otros nombres de la soledad

..." la preocupación tiene un impuesto. 
También se paga un impuesto por el dolor y otro más por tiritar."


(Fragmento de "Puerca Tierra", 
John Berger.)

Es necesario contar toda una vida


"A veces, a fin de rebatir una sola frase es necesario contar toda una vida ....
Si se pudiera dar un nombre a todo lo que sucede, sobrarían las historias. 
Tal y como son aquí las cosas, la vida suele superar a nuestro vocabulario. 
Falta una palabra, y entonces hay que relatar una historia".

(Fragmento de "Una vez en Europa", John Berger.)


Sentidos, mareas o vientos cósmicos


 ".. sentido y significado nunca han sido lo mismo, el significado se queda aquí, 
es directo, literal, explícito, cerrado en sí mismo, unívoco, 
... mientras que el sentido no es capaz de permanecer quieto, 
hierve de segundos sentidos, terceros y cuartos, 
de direcciones radiales que se van dividiendo y subdividiendo en ramas y ramajes 
hasta que se pierden de vista, 
el sentido de cada palabra se parece a una estrella 
cuando se pone a proyectar mareas vivas por el espacio, 
vientos cósmicos, perturbaciones magnéticas, aflicciones". 


(Fragmento de "Todos los nombres", José Saramago.)

Hacia la puesta del sol

“Creía firmemente que no se levantaría ya más de aquel sillón; 
creía que de un momento a otro se moriría de congoja. 
Pero no; al contrario, algunos días después pudo sostenerse en pie 
y dar algunos pasos, apoyada, por la habitación; 
luego, con el tiempo, pudo incluso descender la escalera 
y salir al aire libre del brazo de Gerlando y de la sirvienta. 

 

Finalmente, tomó la costumbre de ir, hacia la puesta de sol, 
hasta el borde que limitaba la finca por el sur. 
Desde allí se divisaba una vista magnífica sobre la playa 
que estaba a sus pies, y el mar abierto. 
Allí fue los primeros días acompañada habitualmente por Gerlando y Gesa; 
después, sin Gerlando; finalmente ella sola. 
Sentada sobre una roca, a la sombra de un olivo centenario, 
contemplaba toda la orilla lejana que apenas se curvaba, 
con pequeños golfos y salientes 
recortándose en el mar que cambiaba de tonalidades a los soplos del viento…”

(Fragmento de “El mantón negro”, Luigi Pirandello.)

Arqueología humana

"... después vienen los dedos y, con un movimiento de recogida, 
como si estuviesen segando la cosecha,
levantan del suelo todos los coloresque hay en el mundo. 
Lo que parecía único era plural, 
lo que es plural lo será aún más. 


No es menos verdad, con todo, que en la fulguración exaltada de un solo tono, 
o en su modulación musical, estén presentes y vivos todos los otros, 
tanto los de los colores que ya tienen nombre, como los que todavía lo esperan, 
de la misma manera que una extensión de apariencia lisa podrá estar cubriendo, 
al mismo tiempo que las manifiesta, 
las huellas de todo lo vivido y acontecido 
en la historia del mundo. 



Toda arqueología de materiales es una arqueología humana. 
Lo que este barro esconde y muestra es el tránsito del ser en el tiempo 
y su paso por los espacios, 
las señales de los dedos, los arañazos 
de las uñas, 
las cenizas 
y los tizones de las hogueras apagadas, 
los huesos propios y ajenos, 



los caminos 
que eternamente se bifurcan 
y se van distanciando y perdiendo unos a otros. 


Este grano que aflora a la superficie es una memoria, 
esta depresión, la marca que quedó de un cuerpo tumbado. (...)

(Fragmento de "La caverna", José Saramago.)

Por detrás del silencio


"En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos-
de música persistente
como un molino vagabundo."

(Fragmento de "En mi jardín avanza un pájaro". Emliy Dickinson.)

Los colores del agua

“Salió fuera y miró el cielo. Llovían estrellas. 
Lamentó aquello porque hubiera querido ver un cielo quieto. 



Oyó el canto de los gallos. 
Sintió la envoltura de la noche cubriendo la tierra" ..


. “Estaban apagándose las luces del pueblo.
 El río llenó su agua de colores luminosos" 

(Fragmento de "Pedro Páramo, Juan Rulfo).

El tren parte












"El tren parte con resoplidos
de boxeador fatigado.
El tren parte en dos al pueblo
como cuchcillo que rebana pan caliente".











("Trenes a lo lejos", Jorge Treiller.)

Calzadas submarinas de luz verde

"Me tendiste esa hoja verde y la puse en mi mejilla como una manita del árbol. 
Desde entonces, antes de leer un libro tuyo, 
lo lleno de hojas de árboles 
para hermanarlas con las que están adentro 
y busco que se entienda los castaños de savia con los escritos, 
la nervaduras del fresno con las del poema, los pinos y los sauces, 
la delgadez del eucalipto que como una espada parte en dos la escritura. 


Y en cualquier página en que abra yo el libro, en la 26 o en la 63, 
siempre viene un árbol a mi encuentro convirtiendo tus poemas en
 “calzadas submarinas de luz verde”.



(Fragmento de "Octavio Paz. Las palabras del árbol", de Elena Poniatowska.)

El cielo sube hasta los árboles

"Arriba el agua
Abajo el bosque
El viento por los caminos
Quietud del pozo


El cubo es negro El agua firme
El agua baja hasta los árboles
El cielo sube hasta los labios".

(Fragmento de “Octavio Paz. Las palabras del árbol” de Elena Poniatowska.)

En el principio fueron los árboles




"En el principio fueron los árboles. 
Desde niño los nombraste 
y ellos te volvieron azul y verde la mirada. 
Una rama de árbol entró en tu cuarto por una grieta
 en el muro


y la tomaste y la metiste en tu boca 
para que creciera en ti, 
te madurara adentro, echara raíces, 
te ocupara entero".

 (Fragmento de "Octavio Paz, "Las palabras del árbol," de Elena Poniatowska.)

En las siestas de verano

"En las siestas de verano nace -como una flor silvestre, 
descuidada y exuberante- la soledad de la infancia,
 y un desamparo diferente a cualquier otro: 
el desamparo ante una belleza que no se puede compartir con nadie. 



... Las horas de esplendor son siempre eso: ... 



un tesoro que se guarda para cuando alguien -mucho más tarde- 
nos recuerde, con el cuerpo o la voz o la mirada, su existencia. 


Y un tesoro no tiene otra razón de ser que la llegada de ese momento 
en que va a ser descubierto, 
va a convertirse en el regalo que se ofrece, el don, la fiesta".

(Fragmento de "El verano", Claudia Massin.)

Métaforas sobre la otredad



"Marte era una costa distante y los hombres cayeron en olas sobre ella. 
Cada ola era distinta y cada ola más fuerte.Marte era una costa distante 
y los hombres cayeron en olas sobre ella. 
Cada ola era distinta y cada ola más fuerte. 
La primera ola trajo consigo a hombres acostumbrados a los espacios, 
el frío y la soledad; cazadores de lobos y pastores de ganado, flacos, 
con rostros descarnados por los años, ojos como cabezas de clavos y
 manos codiciosas y ásperas como guantes viejos


. Marte no pudo contra ellos, pues venían de llanuras y praderas tan inmensas 
como los campos marcianos. 
Llegaron, poblaron el desierto y animaron a los que querían seguirlos. 
Pusieron cristales en los marcos vacíos de las ventanas, 
y luces detrás de los cristales.
Esos fueron los primeros hombres.
Nadie ignoraba quiénes serían las primeras mujeres.
Los segundos hombres debieran de haber salido de otros países, 
con otros idiomas y otras ideas. 
Pero los cohetes eran norteamericanos y los hombres eran norteamericanos 
y siguieron siéndolo, 
mientras Europa, Asia, Sudamérica y Australia contemplaban 
aquellos fuegos de artificio que los dejaban atrás. 
Casi todos los países estaban hundidos en la guerra o en la idea de la guerra.



Los segundos hombres fueron, pues, también estadounidenses. 
Salieron de las viviendas colectivas y de los trenes subterráneos, 
y después de toda una vida de hacinamiento en los tubos, latas y cajas de Nueva York, 
hallaron paz y tranquilidad junto a los hombres de las regiones áridas, 
acostumbrados al silencio.
Y entre estos segundos hombres había algunos que tenían 
un brillo raro en los ojos 
y parecían encaminarse hacia Dios..."
("La costa", Ray Bradbury.)