Ese gesto de la poesía de tajear la lengua
"Sigo pensando que la poesía es la expresión de la desnuda intemperie de un sujeto hablándole a otro, tan cerca y tan lejos. Su potente fragilidad puede volverala un bocadito codiciado. Preocupados por la gota de autoría personal olvidamos el torrente."
"La poesía es de la gente, de cada uno, y nuestra tarea es la atención, y el oficio, como cualquier trabajo bien hecho. Y en la atención y el oficio estoy a solas, construyo mi espíritu, pero no podría hacer sin la presencia de los otros que me permiten ser una persona. Siempre están, aun por ausencia."
"El autor es siempre una pobre figura detrás del verso, porque es la poesía, el habla humana en el concierto de la voz, quien enuncia las miradas y abre el diálogo con lo inerte o lo viviente."
Fragmentos de "La pequeña voz del mundo" de Diana Bellessi, Taurus, 2011.
Del libro de los cerrojos
Las rejas, al igual que las aldabas, son ilusiones forjadas por los cancerberos.
La libertad es un sinlímite que no alcanzan a borrar los enemigos de los días de fiesta.
Aquellos que conocieron otras inclemencias saben de ardides para torcer
la torpe vanidad de los títiriteros.
Detrás de los muros, hay un espacio intocable. Aquel silencio que fue mudo temblor convierte su ostracismo en testimonio.
La postal incompleta
En la tarde festiva, en la noche callada, la ciudad luminosa.
Hay paseos y rondas y la gente que ríe y las manos que enlazan.
Sobreimprimen las fotos: artesanos, museos, ombués y niños,
la guitarra y el canto y una nube de azucar.
Por detrás del paisaje,
la otra cara del signo, el revés de la trama,
esa suela que falta, ese par invisible,
esa imagen vacía,
esa voz silenciada.
Si pudieras
El
poema quiere engañar al tiempo y el sufrimiento lo derrota.
Si escuchara lo que
huye de la puerta,
si la imperfecta luz diera tu libro,
si traicionara este
dolor,
si oyera tu descanso,
si el alba tropezara con el árbol que te abrigó
una vez,
si pudieras volver a casa una noche cualquiera.
Juan
Gelman
Frivolidad
El tiempo no retrocede
ni la disculpa borra la ofensa.
Cada palabra se mide en su densidad,
compromiso, espejo y obra.
Fuego sagrado de los vínculos,
credo inviolable, confianza mutua.
Quebranto y desasosiego,
el sinlímite del desdén
y la eterna excusa de la confusión,
para negar la otredad,
vedar, excluir y silenciar.
Si tuviera el tiempo en sus manos haría lo mismo otra vez

"Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para verlo realizado. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir" .
(Nelson Mandela, en el cierre de su alegato ante la Suprema Corte, 1964)
Una noche con la Sole
El último día de noviembre. El aire tibio y la noche sosegada.
La gente se fue acercando con el termo y el mate, los chicos en brazos, las sillas plegables.
La Sole se plantó nomás en el escenario y le puso el alma y la voz al espectáculo.
Cada región del país estaba ahí: en el canto plural y mano a mano.
Y fue la alegría. El público tuvo su fiesta; la artista, el aplauso.
Y fue la alegría. El público tuvo su fiesta; la artista, el aplauso.
La otra cara de Victoria
“El 27 de enero de 1979 cayó sábado y amaneció soleado. En la Villa
Ocampo el calor húmedo se percibía con mayor intensidad. Enferma de cáncer en
el paladar contra el que luchó durante casi veinte años, la escritora y editora
Victoria Ocampo fallecía en su morada en San Isidro con caminos sinuosos,
fuentes ornamentales, árboles y plantas dispuestos de manera informe. En
realidad, de Victoria se creyó contar todo o casi todo lo relacionado a su
infancia custodiada por institutrices, a la familia tradicional y aristócrata
de la cual provenía, a las más diversas personalidades de su tiempo con las que
dialogaba tête à tête, a los amoríos velados o públicos, al mosaico de ideas
diversas y al bagaje heterogéneo del color literario de la revista Sur y demás
yerbas".
"Lo que no se sabe es que Victoria resistió tanto al peso arrollador de los terrores del franquismo como también apoyó de manera incondicional a los frentes antifascistas organizados en la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial, pese a que tales debates se los adjudicaban como propios las conducciones masculinas de los partidos políticos de ese entonces. En verdad, el compromiso de Victoria con el debate antifascista tiene su historia. El desenlace de la Guerra Civil Española –1936 a 1939– congregaba al grueso del activismo de cuño socialista, anarquista, comunista, trotskista y liberal de nuestros ambientes citadinos, para intervenir con una activa participación y entrega militante a la causa republicana. Un sinnúmero de mujeres apoyaron al Frente Popular español y constituyeron un movimiento abierto y autoconvocado a la hora de hacer oír su repudio. Recolectaban fondos económicos y alimentarios para los leales y también concientizaban sobre el alcance de sostener la república y derrotar al fascismo".
"En el grupo de intelectuales y políticas se
encontraba la Ocampo junto con María Rosa Oliver, Alfonsina Storni, Fryda
Schultz de Mantovani, Norah Borges, Alicia Moreau, Iris Pavón y Salvadora
Onrubia Medina, entre otras tantas, quienes al mismo tiempo mantenían un
compromiso ineludible con el feminismo local. En cuanto a Victoria, en julio de
1936 participó de un manifiesto firmado por un conjunto de escritores
argentinos que rechazaban el golpe de Estado contra el gobierno de la Segunda
República Española. A la vez, ella y su íntima amiga, María Rosa, renunciaron
al P.E.N. Club por no acordar con la política de la comisión directiva por las
simpatías que le provocaban dichas huestes. Una picaresca de la cultura
criolla: ¿Quién podía suponer que mientras Victoria motorizaba sus fuerzas
intelectuales para denunciar las atrocidades del bando nacional al mando del
Generalísimo, el escritor Julio Cortázar, siendo estudiante, defendía el
triunfo de la Falange en Madrid?"
"Otro
dato que supuestamente se desconoce: esta escritora y mecenas identificada por
sus gafas blancas del mismo modo que la plástica Marta Minujin con sus lentes
de sol, no sólo combatió al nazismo al albergar a judíos fugados de las garras
del régimen aniquilador, sino que además fue la única mujer invitada para
observar los juicios de Nuremberg. De acuerdo con el libro Cartas de Posguerra,
publicado por la Editorial Sur, Victoria, al ser invitada por el Consejo
Británico para las Relaciones Culturales, en marzo de 1946, emprendió una larga
travesía por Estados Unidos y Europa. Comenzó su prolongado itinerario en Río
de Janeiro, Puerto Príncipe. Después pasó por Miami, Washington, Nueva York,
para desembocar en Londres y luego terminar en la ciudad en donde se juzgó a la
cúpula más alta de la jerarquía hitleriana”. (...)
Fragmento de la nota “Diario íntimo y político” (Suplemento Las 12, Página 12, 1 de febrero 2013, por Mabel Bellucci)
Lo que declamas
Ya basta, dices.
Ya basta digo.
Callar
es otra forma profanación.
Ya basta de ocultar,
No es siempre la espada la que hiere.
En el perfil del atropello
se tallan la mentira y el embozo.
Los signos no pueden ser leídos
debajo de la cripta,
sólo a la luz del día.
La urdimbre de las palabras
Anticrónica
La crónica del silencio
tejida y destejida
en mi memoria
tantas veces.
Páginas cercenadas
que tienen lengua y espacio.
Les llevo pan y las riego
y crecen entre las sombras.
Crecen y bailan.
Cuando las traspasa el sol
dejan surcos en el muro.
Algo que decir
La sal de la lengua
Escucha, escucha; tengo aún
algo que decir.
No es importante, lo sé, no va
a salvar el mundo, no cambiará
es hoy capaz de salvar el mundo
o cambiar tan solo el sentido
de la vida de alguien?
Escúchame, no te entretengo.
Es poca cosa, como la llovizna
que llega lentamente.
Son tres, cuatro palabras, poco
más. Palabras que te quiero confiar.
Para que no se apague su lumbre,
su lumbre breve.
Palabras que he amado mucho,
que tal vez ame todavía.
Ellas son la casa, la sal de la lengua.
Poema de Eugenio de Andrade, del libro “O sal da lengua”.
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