Herta Müller - La lengua que no pudieron romper

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Niţchidorf, Banat, un sito de habla alemana de la región de Timisoara, en Rumanía.
Hija de granjeros suabos del Banato. Su padre sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en las Waffen-SS y su madre fue deportada a la Unión Soviética en 1945 y pasó cinco años en un campo de trabajo en Ucrania.
Herta Müller estudió filología germánica y rumana en la Universidad del Oeste de Timisoara entre 1973 y 1976.
Formó parte del Aktionsgruppe Banat, una tertulia de escritores idealistas rumano-alemanes.
Entre 1977 y 1979, trabajó como traductora técnica en una fábrica de maquinaria, pero fue despedida en 1979 por no cooperar con la Securitatea Statului, la policía secreta del régimen comunista rumano de Ceaucescu.
Müller debió ingeniárslas para subsistir en ese contexto. Fue empleada en una guardería y dio lecciones de alemán, aunque continúo siendo acosada por la Securitate que la sometió a más de 50 interrogatorios.
En 1987, Müller se fue a vivir a Alemania con su marido, el novelista Richard Wagner. En 1997 abandonó el PEN Club como forma de protesta por la decisión de reunir las asociaciones de Alemania del Este y del Oeste tras la caída del muro de Berlín. En julio de 2008 publicó una carta abierta a Horia-Roman Patapievici, presidente del Instituto Cultural Rumano, como protesta por financiar una escuela rumano-alemana en la cual trabajaban dos ex-informadores de la Securitate.

Para conocer un autor, nada mejor que sus obras
 

Algunas de sus novelas están traducidas al español: "En tierras bajas", "El hombre es un gran faisán en el mundo", "La piel del zorro" y "La bestia del corazón".
Acerca de "La piel del zorro", la periodista venezolana Eva Feld comenta: "Müller ofrece un fresco cubista de la realidad, su palabra, como  la paleta de Juan Gris, descompone aquello que refleja: en haces convergentes en cuanto al contenido, pero divergentes según el significado de las palabras que emplea para narrar o para describir una realidad simultánea y paradójicamente condensada y diluida en una narración poética en la que no crea trama ni pathos, ni verdaderamente desenlace, aunque contenga traición, violación, corrupción, infidelidad, suicidio y otras muertes". También dice la periodista que el título en alemán y en francés es "El zorro ya era cazador"  y allí los remito porque vale la pena.
En esta novela, narra con una poética bella y cruda la vida del pueblo rumano preso de la dictadura. Su vida que se hizo literatura. También en su obra "En tierras bajas", su voz hecha niña, narra de la opresión y la tristeza de esa nación. Ninguno de sus textos puede escapar a este destino.
Decía el periodista Ryszard Kapuściński que no se puede escribir un artículo sin contexto. Pues bien, no hablo alemán, así que tomé prestado para éste un
un extracto de la entrevista que le hizo el cubano Carlos Aguilera, que aquí transcibo.
—El mundo dictatorial es ante todo un mundo de fronteras. En sus libros, los personajes muchas veces dan la impresión de que se encuentran asfixiados precisamente por el peso de esta frontera (que no sólo es geográfica o política, sino civil, lingüística, mental...). Representan estos personajes un reto? ¿Cómo lee u observa usted a sus propios personajes?
—En las dictaduras todo está muy desnudo, uno ve todo lo que no debe ver o aquello que en otras sociedades no está a la vista con tanta nitidez. Y uno ve también cómo repercute esto en la literatura. Sobre todo en negativo: apenas has descrito algo y ya viene la policía secreta. Es el miedo de los aparatos represivos frente a la literatura, frente a la urgencia con que se leen los libros. Y es que bajo las dictaduras las fronteras de las personas son trazadas intencionalmente y vigiladas por los aparatos represivos. Tienen una finalidad. Ésta consiste en prohibir la libertad, impedir que surja la idea de libertad.
La función de esas fronteras es dañar a las personas, destruirlas psíquicamente, hacerlas dependientes del miedo, domarlas. Funciona en cada dictadura, precisamente porque éstas trabajan el día entero en esa dirección, perfeccionan cada vez más su método hasta reducirlo al absurdo, hasta que se viene abajo por sí mismo. Pero las dictaduras eurorientales se colapsaron, implosionaron, no explotaron. Creo que, en parte, reventaron a causa de su delirio perfeccionista, del delirio de afinar tanto la represión que había un sector creciente de la sociedad que no era productivo, que sólo se dedicaba a la vigilancia, que generaba persecución y temor. La única labor productiva que merecía la pena era la fabricación del miedo y, al final, sólo se tenía un montón de miedo. La industria era un depósito de chatarra; la agricultura estaba destruida. Así les había ido también a los soviéticos. Al fin y al cabo, los soviéticos no disolvieron su imperio por altruismo o por bondad, sino porque sencillamente ya no había modo de solventarlo. La ocupación de Europa Oriental les resultaba demasiado cara.
En la Rumanía de entonces yo no notaba más que fronteras; no había lugar donde no existiese una. Todo era frontera, ¡hasta las fronteras reales del país con el exterior! Junto a esas fronteras nacionales se mató a mucha gente. (De hecho, más que fronteras son cementerios.) Las fronteras eran el Danubio y los confines verdes con Serbia y Hungría. Allí murieron millares de personas que huían sencillamente por hastío y que les daba igual perecer o no. Cada semana escuchaba uno decir fulano o mengano fueron fusilados. Sin embargo, eso no disuadió a nadie, porque la gente estaba harta y ya no soportaban la vida cotidiana. La frontera era un imán, y todo el mundo ansiaba estar fuera, fuera, fuera. Vivir en Rumanía desde la mañana hasta la noche sólo se soportaba con la idea de que no era para siempre, sino algo provisional de lo que alguna vez saldríamos.
Bajo las dictaduras de Europa Oriental la pobreza era un instrumento al servicio de la opresión, como la policía secreta, el ejército o el partido. Creo que así mismo es en los estados teocráticos. A la pobreza se añade el analfabetismo. A decir verdad, el analfabetismo en Rumanía no era tan alto; la mayoría de las personas sabían leer y escribir. Pero de qué sirve eso si la mayoría no entendía absolutamente nada. Conocían las letras, pero cuando has sido educado para no pensar, eres analfabeto de otra manera. De ahí que los personajes literarios sean como las personas reales.
Trabajé tres años en una fábrica de maquinarias. Allí todo estaba cementado, la vida estaba cementada, y he visto cómo viven las personas en un mundo así, casi congelados a merced del viento junto a una jodida banda transportadora dentro de una nave sin calefacción donde las ventanas no tenían páneles de vidrio. Tenían que empezar a tomar alcohol desde por la mañana para desentumecerse los dedos. Y había que romperse el lomo. Muchos llevaban ya 30 o 40 años trabajando en ese lugar; aldeanos que debían levantarse a las dos de la madrugada, caminar hasta alguna estación de trenes y viajar cuatro o cinco horas hasta alcanzar la fábrica. Una vez allí trabajaban hasta las cinco de la tarde y luego regresaban en tren hasta la estación. Llegaban a sus casas a las diez de la noche, muertos de cansancio. ¿Qué vida es ésa? Sin contar que se laboraba también sábado y domingo, pues no existía la semana de cuatro o cinco jornadas. Nunca cumplíamos el plan y cada vez que se incumplía había que trabajar también el fin de semana. No se producía nada, no había nada, nadie llegaba a viejo. Cuando los obreros alcanzaban la edad de retiro ya estaban enfermos y, un poquito después, muertos. Por entonces esa situación me aterraba sobremanera y me hacía sentir respeto por aquella gente. Me parecía inconcebible. Al cabo de sólo dos años, pensaba yo que no daba más, que aquello era insoportable, y cuando extrapolaba el asunto a los 30 o 40 años que muchos llevaban ya en aquella fábrica, de verdad es que sentía espanto.
Muchas veces tuve la sensación de que lo más importante era que uno estuviera siempre presente. Había que estar “allí”, y eso era vigilancia. La fábrica no era más que un lugar a donde se debía acudir cada día y permanecer allí el mayor tiempo posible para que el Estado viese lo que hacía uno. Todo era un centro de vigilancia. En invierno la oscuridad era total y no circulaba ningún medio de transporte. A las cinco de la mañana yo salía de mi casa para llegar a pie a la fábrica, pues a menudo no pasaba el tranvía ni el autobús. Pero cuando pasaba alguno, eran tantos los pasajeros en la escalera que no había modo de entrar. Con frecuencia, uno había perdido el tiempo esperando en vano a que pasara el tranvía. Entonces tenías que ir a pie, con el resultado de no llegar puntual y ganar una amonestación. Yo tenía muchos problemas y no quería darles a aquellos tipejos ningún pretexto para ultrajarme. Por eso quería ser correcta y puntual. Luego llegabas a la fábrica y ya te esperaban con una música de marcha, con los coros obreros. ¡Terrible! Comoquiera que te movieras por el patio de una fábrica, estabas marchando al compás... Yo trataba de cambiar el paso, porque no me gustaba la idea de dejarme llevar por aquella música, pero ni modo; caminaras como caminaras, era imposible. También durante la pausa del mediodía, a la hora del almuerzo, volvías a oír esos coros, transmitidos por altoparlantes hacia el patio. Un empleado extra se encargaba exclusivamente de este asunto. Un viejo comunista aquejado de cálculos renales. La música sólo cesaba cuando sus dolores eran demasiado intensos. Un verdadero cerdo. La hija de que aquel viejo comunista se había casado por el registro civil y de nuevo, a escondidas, por la iglesia. Lo hacían siempre así, por partida doble, para cubrirse las espaldas. No fuera a ser que realmente existiese un Dios y luego tuviesen problemas al subir al cielo. Qué clase de personajes son éstos que piensan en todas direcciones: en la Tierra, el Partido, en el cielo, en Dios. Había que buscar la manera de arreglarse con ambos. Así era la gente. Y esas personas las hay también en mis libros. ¿De qué otra manera iba a ser?



Esta última parte del documental del History Channel sobre Nicoale Ceaucescu.
En Youtube puede verse el resto.

Nothing Else Matters - Apocalyptica



Apocalyptica es una banda de metal sinfónico formada en Helsinki, Finlandia en 1993 por cuatro violonchelistas graduados de la Academia de Música Clásica Sibelius.

La luz es muy intensa y perdura



Juan Rulfo en España después de recibir el Príncipe de Asturias, 
entrevistado por Mercedes Mila.

Juan Rulfo nació en Apulco, municipio de San Gabriel, distrito de la ciudad de Sayula, Estado de Jalisco, México, el 16 de mayo de 1917. Murió en la Ciudad de México, el 7 de enero de 1986. Escritor, guionista y fotógrafo, formó parte de la generación del 52.
Aunque escribió otros textos, entre ellos una novela que destruyó, un guión cinematográfico y una obra acerca de la Conquista, es conocido por dos obras memorables: El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955).
El llano en llamas es una recopilación de cuentos. La segunda edición, revisada por el autor, que apareció en 1970, está integrada por diecisiete relatos. A los del volumen original  se sumaron: El día del derrumbe y La herencia de Matilde Arcángel.
Uno de los relatos de ese libro de cuentos es Nos han dado la tierra. 
No me permito, al menos en público, opinar sobre obras maestras. Pido una pequeña dispensa. 
Ha pasado el tiempo y aún es posible imaginar la situación que plasma Rulfo en esas páginas en otro escenario, en algún otro lugar del mundo.

Hallelujah de Leonard Cohen - Canta k.d. lang (sin mayúsculas)



k.d. lang interpretó  "Hallelujah"  en The Juno Awards 2005 en Winnipeg (Manitova - Canadá).  No ganó el certamen. Avril Lavigne recibió el premio a la "Artista del año". Estaban nominados también: Bryan Adams, Celine Dion, Diana Krall.

Leonard Norman Cohen
Poeta, novelista y cantante canadiense, nació el 21 de septiembre de 1934 en Montreal.

Kathryn Dawn Lang
Nació el 2 de noviembre de 1961. Más conocida como k.d. lang (sin mayúsculas), es una cantante canadiense de pop y country ganadora de cuatro premios Grammy.


Avril Ramona Lavigne
Nació el 27 de septiembre de 1984. Cantante y compositora canadiense, diseñadora de moda y, ocasionalmente, actriz. Toca la guitarra eléctrica y la acústica, el piano y la batería. Ha vendido más de 30 millones de copias de discos en todo el mundo.

Analepsis - Flashback - Aviso Diario La Prensa - 1927

Don Alder - Un artista solidario



¿Quién es y qué toca? Se llama Don Alder.  Vive en Vancouver, Canadá. Ejecuta un instrumento llamado "guitarra acústica-arpa". La técnica que usa se denomina "fingerstyle" y consiste en tocar punteando las cuerdas directamente con los dedos o las uñas. Otro modo de hacerlo es el flatpicking: se hace recogiendo notas individuales con una púa o tocando todas las cuerdas del instrumento en forma de acordes.
Dicen que Don Alder es capaz de crear un “muro de sonidos” a través de la percusión simultánea con los dedos. Que él solo puede sonar como una banda de cuatro.
En 1985, hizo un paréntesis en su carrera para ayudar a su amigo Rick Hansen en la búsqueda para crear conciencia sobre el potencial de las personas con discapacidad y  generar fondos para la investigación de la médula espinal.


¿Quién es Hansen?

Es uno de los deportistas canadienses que formaron parte de la ceremonia del tradicional encendido de la antorcha olímpica en los últimos Juegos de Invierno que se celebraron en Vancuver este año.
No estaba allí por casualidad. A los 15 años, un accidente automovilístico lo dejó paralítico de la cintura para abajo. Quiso superarse. Y lo logró.
En 1976, Rick se incribió en la Universidad de Brithish Columbia donde se gradúo. Fue la primera persona discapacitada en obtener un diploma en Educación Física.
Luego representó a Canadá en varios deportes y ganó medallas en los Juegos Paralímpicos en 1980 y 1984.
Con el propósito de recaudar fondos y crear conciencia sobre las lesiones de la médula espinal, en 1985 Hansen emprendió un viaje por todo el mundo en silla de ruedas.
El tour mundial incluyó treinta y cuatro países. Logró la colaboración de miles personas que se sumaron a la causa y aportaron más de veintiséis millones de dólares.
Con el mismo fin, creó una fundación que lleva su nombre. El músico Don Alder se involucró con la institución para "ayudar a hacer una diferencia" en la mejora de la calidad de vida de los demás” – según afirma en su sitio oficial en internet.
También su website consigna que, a principios de los 90, Alder tocaba la guitarra como un hobby.
Durante la gira mundial organizada por Rick Hansen, Don Alder acompañó a su amigo de la infancia. Tenía bajo su responsabilidad las sillas de ruedas y debía acondicionar la de Rick según sus necesidades y adaptarla a las características del terreno.
Así fue que Alder desarrolló técnicas para mejorar el funcionamiento de las
sillas de ruedas. Tanto las perfeccionó que después de la gira solidaria, se involucró en los deportes que se practican en silla de ruedas. A tal punto que fue elegido como manager de los equipos canadienses de deportistas en silla de ruedas que representaron a su país en los Juegos Paralímpicos de Atlanta 1996 y Sydney 2000.

Música – deporte – Música



En ese tiempo, Alder conoció a Sam Sullivan y a Dave Symington, ambos músicos que habían quedado trapléjicos. Ambos en accidentes. .
         Estos canadienses, al igual que Rick Hansen, supieron cómo    hacer frente a la adversidad. A fines de los 80, fundaron The Vancouver Adapted Music Society (VAMS), creada para promover y difundir a músicos con discapacidades físicas.
Don Alder adhirió al proyecto y convirtió en el guitarrista de la banda que formaron y llamaron "La columna vertebral de acordes". 
Juntos lanzaron un CD "¿Por qué ser normal", que tuvo una gran difusión en Canadá.
También produjeron el video "María" que se puede ver en la web oficial de Don Alder.
Este hombre - creativo y solidario - compartió el escenario con maestros de la acústica como Peter Finger , Jacques Stotzem, Bob Evans, Andy Mckee y Sumide Masa. Tocó también con John Parr (St Elmost Fire) y Ellen Mcelwaine.
Paticipó en numerosos festivales junto a artistas como Don Ross, Pierre Bensusan,  Del Vazeau, Ric Emmet y Dave Martone.
En 2007 ganó The Inernational Fingerstyle Championships Winfield, Kansas. Tres veces consecutivas - 2004, 2005, 2006 - se llevó el galardón mayor en The Winfield Song Showcase, en la categoría “Best Instrumental”.
Fue primero también en “The best 30-second Guitar Solo Contest - Acidplanet.com (2005); The Vancouver Folk Slam (2004) y en The Winfield Intl. Fingerstyle Championships, categoría “Best Instrumental” (2004)
Ese mismo año, con una guitarra acústica ganó The Vancouver Guitar Show “Shred Contest”.
También fue finalista en importantes concursos como The International Fingerstyle Championships Winfield, Kansas (2006) y The International Acoustic Music Awards (IAMA), entre otros.

Borges - Kafka

Caminaba por el Patio de los Tilos en el Centro Cultural Recoleta. Había escaleras, movimiento, hombres trabajando.




Levanté la vista. Desde un panel de tres metros de ancho por cuatro de altura, me miraban Borges y Kafka
Sus figuras mezcladas con colores audaces y símbolos reconocibles, no intimidaban, más bien parecían invitarme a seguir. Quise ver.

Más allá, sentado, el artista que los pintó, Rogelio Polesello. ¿Estaría supervisando la instalación? No lo sé. Estaba quieto. No daba órdenes. Conversaba con una mujer.
Seguí. La curiosidad me llevó a pasar de un panel a otro, de un espejo a otro. En uno se relejaba el escritor checo, en otro, el cuentista y poeta argentino. Más allá, el doble. 

     


A unos pasos, la imagen proyectaba al autor del Aleph y la de María Kodama. Ella parecía salir de las fauces de un tigre.






Me dí vuelta. Volví a mirar hacia delante y hacia atrás. Estaba en un laberinto.

Espejos borgeanos y postales kafkianas, insectos, palabras, círculos, castillos.

Mañana abrirá sus puertas la II Bienal Borges-Kafka/Buenos Aires-Praga. Podrán verse las obras de Polesello y además muestras de danza y teatro y de cine y también. Habrá música y mesas de debate. 
En 2012, el homenaje será en tierras de Kafka.

Camille Claudel - (en alemán) - Vale la pena ver las imágenes


Die Skeptiker - Camille Claudel - MyVideo

Las mujeres sufren sin necesidad - La Prensa 1906


"Hay cientos de mujeres en América que padecen de
enfermedades pélvicas y arriesgan  sus vidas por no curarse.
Si me escribieran les beneficiaría con la práctica que
he tenido en dichas enfermedades". Dr S.B. Hartman

Taj Mahal - India



Un cierto pudor me asalta al pronunciar o escribir  frases del tipo "El Taj Mahal es el monumento del amor".  Así es llamado por muchos.  Me siento incapaz.  ¿Tara o tabú?  Me cuesta nombrar con esas palabras a este sitio. ¿Merece en verdad semejante título?   
Cuentan que el Taj Mahal fue erigido por el emperador mogol Shah Yahan en honor de su esposa,  Muntaz Mahal que había muerto al dar a luz a su hijo número catorce.
Se sabe que la construcción de estas obras suelen duran un tiempo. Emplazar este complejo de edificios en Agra, en la ribera sur del río Yamuna, en el norte de la India, llevó veintidós años de trabajo. Pusieron la primera piedra en 1631. Esta obra, que combina diversos estilos arquitectónicos: mogol antiguo, indio, persa e islámico, quedó terminada en 1648.  
Sabemos en qué terminó el esfuerzo de Muntaz Mahal. Ignoramos lo que les suciedió a los 20.000 obreros que pusieron los cimientos, levantaron las paredes y decoraron los interiores. Menuda tarea. Había que buscar las piedras, trasladarlas, levantarlas y colocarlas sin ninguna de las herramientas que hoy conocemos.
Como si esto fuera poco, existe una leyenda negra que cuenta que el emperador, dejaba ciegos a los obreros y les cortaba las manos al terminar, la obra para que jamas pudieran replicar sobre la faz de la tierra un monumento semejante al Taj Mahal.
Y hay más. Parece que faltaba poco ya para concluir el proyecto cuando Sha Jahan cayó enfermo. Tres de sus hijos aprovecharon la debilidad de su padre para sacar su tajada. El uno, Sha Shuja, se autoproclamó emperador de Bengala; otros dos, uno de nombre Murad y el otro Aurangzeb, tomaron el poder en Guyarat.
La ofensiva dejó sin defensa a Sha Shuja que terminó preso en el fuerte de Agra cerca de allí. El emperador que había mandado a construir el Taj Mahal sólo pudo contemplarlo desde una ventana, a lo lejos.
Al morir, uno de los hijos hizo una pequeña concesión y permitió que debajo del mausoleo de mármol blanco se ubicara cenotafio del emperador junto al de su esposa. De amor, nada.
Según un informe de la Unversidad Autónma de Nuevo León, México, de marzo 2009,  a fines del siglo XIX "varios sectores del Taj Mahal estaban muy deteriorados por falta de mantenimiento y durante la época de la rebelión hindú (1857) fue dañado por soldados británicos, cipayos y oficiales del gobierno, quienes arrancaban piedras semipreciosas y lapislázuli de sus muros".
El mismo documento señala que en 1908 "se completó la restauración ordenada por el virrey británico, Lord Curzon, quien también encargó la gran araña de la cámara interior según el modelo de una similar que se encontraba en una mezquita de El Cairo".
Durante el siglo XX parece que hubo aportes en pos del cuidado del monumento: en 1942 el gobierno "construyó un andamio gigantesco cubriendo la cúpula, en previsión de un ataque aéreo de la Luftwaffe y, posteriormente, de la fuerza aérea japonesa. Esta protección se volvió a erigir durante las guerras entre India y Pakistán de 1965 y 1971".
Luego vendrían otros problemas. Amenzas ambientales. Una debida a la lluvia ácida proveniente de la refinería de Mathura, la otra por la contaminación del río Yamuna 
"Ambos problemas son objeto de varios recursos ante la Corte Suprema de Justicia de la India", consigna el informe.
Aparecerían otros problemas, estos de índole político-religoso: "recientemente, sectores sunitas reclamaron la propiedad del edificio, basándose en que se trata de la tumba de una mujer desposada con un miembro de ese culto islámico".  El Gobierno indio  respondió que el Taj Mahal es propiedad de la nación entera.
Hoy es un importante centro turístico en la India. En 1983, fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y figura ente las Siete Maravillas del Mundo Moderno.
Acabo de terminar de leer Ébano (Anagrama) de Ryszar Kapuscinski. Periodista, escritor, historiador y ensayista, durante cuarenta años, desde 1957, toda vez que pudo visitó África.
No quiso nunca transitar las rutas oificales ni turísticas, ni alojarse en palacios ni frecuentar a los popes de la política.
Recorrió "el desierto con los nómadas" y fue "huésped de los campesinos de la sabana tropical".
De los afrcianos dice, lisa y llanamente: "su vida es un martirio, un tormento, que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos".
Kapuscinski sostiene que, salvo por el nombre geogfráfico, África no existe pues es un "cosmos heterogéneo", "un océano", "un planeta aparte" que posee una "riqueza extraorninaria".
En verdad, su libro, que narra el recorrido por distintos países del continente, en distintas épocas, es un fresco que en muchos momentos parece pintado en sepia. África de los oprimidos, de los hambrientos, de las luchas étnicas, de las dictaduras y la esclavitud, de la herrancia.
En medio de ello, el hombre, su lucha, sus ansias de libertad.
En medio de ello, un capítulo dedicado a Lalibela. Transcibo un párrafo para que entiendan por qué llamó mi atención.
"Finalmente, Lalibela. Es una de las ocho maravillas del mundo. Y si no lo es, deberías erlo. Sin embargo, resulta difíficl de ver. En la estación delas lluvias no se puede acceder por ninguna parte. En laseca,tampoco es fácil llegar. Se puede puede intentar en avisión, cuando lo hay.
"Desde elcamino no se ve nada.O, mejor dicho, seca, tampoco es fácil llegar. Se puede intentar en avión, cuando lo hay.

Desde el camino no se ve nada. O, mejor dicho, se ve una aldea corriente. De ella salen corriendo a nuestro encuentro unos chiquillos. Cada uno suplica que lo elijamos como guía, porque es su única posibilidad de ganarse algo de dinero. Mi guía se llama Tadesse Mirele y es estudiante. Pero la escuela está cerrada, como todo lo demás: estamos en época de hambruna. La muerte se ceba en la gente de la aldea. Tadesse dice que lleva varios días sin comer, pero hay agua, así que, al menos, bebe. ¿No habrá encontrado un poco de grano? ¿Un trozo de torta? Sí, reconoce, un puñado de grano. «Pero -y se muestra triste al decirlo- nada más». Y acto seguido me pide: «Sir!» «Dime, Tadesse». «Be my helper, please! I need
a helper!» Me mira y entonces veo que sólo tiene un ojo. Un solo ojo en un demacrado y torturado rostro de niño.
En un determinado momento, Tadesse me agarra de la mano. Pensaba que quería pedirme algo, pero él me ha cogido para impedir que me precipitase por un abismo. Porque he aquí lo que he visto:  estaba de pie en un lugar desde el cual, abajo, se veía una iglesia excavada en la roca. La iglesia en cuestión es una mole de tres pisos recortada en el interior de una gran montaña. Y más adelante, en la misma montaña, e invisible desde el exterior, hay una segunda iglesia, y una tercera...  Once iglesias enormes.
Este prodigio arquitectónico lo construyó en el siglo XII el rey ahmara San Lalibela, y los ahmaras eran (y son) cristianos de rito oriental. Las construyó en el interior de la montaña para que los musulmanes que invadían aquellas tierras no pudiesen verlas desde lejos. Y aun si las veían, como las iglesias formaban parte integrante de la montaña, los musulmanes tampoco habrían podido destruirlas; ni siquiera tocarlas.
Hay aquí iglesias de la Virgen María, del Salvador del Mundo, de la Santa Cruz, de San Jorge, San Marco y San Gabriel, y todas ellas están comunicadas por túneles subterráneos.
-Look, sir! -dijo Tadesse, enseñándome, abajo, la explanada delante de la iglesia del Salvador del Mundo. Aunque yo mismo acababa de fijarme en ello: una veintena de metros por debajo del lugar en que nos encontrábamos, una muchedumbre de mendigos lisiados formaba un enjambre humano en la explanada y las escaleras de la iglesia. A pesar de que no me gusta el término «enjambre», no sé sustituirlo
por ningún otro, porque es el que mejor ilustra la imagen que vi. Aquella gente de abajo, entrelazada por sus extremidades lisiadas, por sus zancos y muñones, estaba apiñada de tal manera que formaba un solo cuerpo moviéndose y arrastrándose, del cual, como tentáculos, salían decenas de brazos, y allí donde no  había brazos, aquel cuerpo abría sus bocas y las dirigía hacia arriba esperando a que se les arrojase algo.
Y a medida que avanzábamos de una iglesia a otra, allá abajo, se arrastraba tras nosotros aquel ser enmarañado, gemidor y agonizante, del cual a cada momento se desprendía algún miembro, ya inmóvil y abandonado por el resto.
Hacía tiempo que no llegaban hasta allí aquellos peregrinos que en otra época les habían arrojado limosnas; y al mismo tiempo, los pobres mutilados no tenían cómo salir de aquel abismo de piedra.
-Have you seen, sir? -me preguntó Tadesse cuando regresábamos a la aldea. Y lo dijo en un tono tal, como si considerase que lo que acabábamos de ver era la única cosa que yo estaba obligado a ver.

Lalibela

Acabo de terminar de leer Ébano (Anagrama) de Ryszar Kapuscinski. Periodista, escritor, historiador y ensayista, durante cuarenta años, desde 1957, toda vez que pudo visitó África.
No quiso nunca transitar las rutas oificales ni turísticas, ni alojarse en palacios ni frecuentar a los popes de la política.
Recorrió "el desierto con los nómadas" y fue "huésped de los campesinos de la sabana tropical".
De los afrcianos dice, lisa y llanamente: "su vida es un martirio, un tormento, que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos".
Kapuscinski sostiene que, salvo por el nombre geogfráfico, África no existe pues es un "cosmos heterogéneo", "un océano", "un planeta aparte" que posee una "riqueza extraorninaria".
En verdad, su libro, que narra el recorrido por distintos países del continente, en distintas épocas, es un fresco que en muchos momentos parece pintado en sepia. África de los oprimidos, de los hambrientos, de las luchas étnicas, de las dictaduras y la esclavitud, de la herrancia.
En medio de ello, el hombre, su lucha, sus ansias de libertad.
En medio de ello, un capítulo dedicado a Lalibela. Transcibo un párrafo para que entiendan por qué llamó mi atención.
"Finalmente, Lalibela. Es una de las ocho maravillas del mundo. Y si no lo es, deberías erlo. Sin embargo, resulta difíficl de ver. En la estación delas lluvias no se puede acceder por ninguna parte. En laseca,tampoco es fácil llegar. Se puede puede intentar en avisión, cuando lo hay.
"Desde elcamino no se ve nada.O, mejor dicho, seca, tampoco es fácil llegar. Se puede intentar en avión, cuando lo hay.

Desde el camino no se ve nada. O, mejor dicho, se ve una aldea corriente. De ella salen corriendo a nuestro encuentro unos chiquillos. Cada uno suplica que lo elijamos como guía, porque es su única posibilidad de ganarse algo de dinero. Mi guía se llama Tadesse Mirele y es estudiante. Pero la escuela está cerrada, como todo lo demás: estamos en época de hambruna. La muerte se ceba en la gente de la aldea. Tadesse dice que lleva varios días sin comer, pero hay agua, así que, al menos, bebe. ¿No habrá encontrado un poco de grano? ¿Un trozo de torta? Sí, reconoce, un puñado de grano. «Pero -y se muestra triste al decirlo- nada más». Y acto seguido me pide: «Sir!» «Dime, Tadesse». «Be my helper, please! I need
a helper!» Me mira y entonces veo que sólo tiene un ojo. Un solo ojo en un demacrado y torturado rostro de niño.
En un determinado momento, Tadesse me agarra de la mano. Pensaba que quería pedirme algo, pero él me ha cogido para impedir que me precipitase por un abismo. Porque he aquí lo que he visto:  estaba de pie en un lugar desde el cual, abajo, se veía una iglesia excavada en la roca. La iglesia en cuestión es una mole de tres pisos recortada en el interior de una gran montaña. Y más adelante, en la misma montaña, e invisible desde el exterior, hay una segunda iglesia, y una tercera...  Once iglesias enormes.
Este prodigio arquitectónico lo construyó en el siglo XII el rey ahmara San Lalibela, y los ahmaras eran (y son) cristianos de rito oriental. Las construyó en el interior de la montaña para que los musulmanes que invadían aquellas tierras no pudiesen verlas desde lejos. Y aun si las veían, como las iglesias formaban parte integrante de la montaña, los musulmanes tampoco habrían podido destruirlas; ni siquiera tocarlas.
Hay aquí iglesias de la Virgen María, del Salvador del Mundo, de la Santa Cruz, de San Jorge, San Marco y San Gabriel, y todas ellas están comunicadas por túneles subterráneos.
-Look, sir! -dijo Tadesse, enseñándome, abajo, la explanada delante de la iglesia del Salvador del Mundo. Aunque yo mismo acababa de fijarme en ello: una veintena de metros por debajo del lugar en que nos encontrábamos, una muchedumbre de mendigos lisiados formaba un enjambre humano en la explanada y las escaleras de la iglesia. A pesar de que no me gusta el término «enjambre», no sé sustituirlo
por ningún otro, porque es el que mejor ilustra la imagen que vi. Aquella gente de abajo, entrelazada por sus extremidades lisiadas, por sus zancos y muñones, estaba apiñada de tal manera que formaba un solo cuerpo moviéndose y arrastrándose, del cual, como tentáculos, salían decenas de brazos, y allí donde no  había brazos, aquel cuerpo abría sus bocas y las dirigía hacia arriba esperando a que se les arrojase algo.
Y a medida que avanzábamos de una iglesia a otra, allá abajo, se arrastraba tras nosotros aquel ser enmarañado, gemidor y agonizante, del cual a cada momento se desprendía algún miembro, ya inmóvil y abandonado por el resto.
Hacía tiempo que no llegaban hasta allí aquellos peregrinos que en otra época les habían arrojado limosnas; y al mismo tiempo, los pobres mutilados no tenían cómo salir de aquel abismo de piedra.
-Have you seen, sir? -me preguntó Tadesse cuando regresábamos a la aldea. Y lo dijo en un tono tal, como si considerase que lo que acabábamos de ver era la única cosa que yo estaba obligado a ver.

Recordando a Susan Sontag

No sé por qué hoy recordé a Susan Sontag. Su coraje.
En plena guerra, en la ex Yugoslavia, se atrevió a poner en escena una versión de "Esperando a Godot" de Samuel Beckett.
El diario El País de España publicó en agosto de 1993 un artículo de fondo que quisiera reproducir en parte. Dice lo que quiero expresar, pero mejor.
"Leo en el periódico que Susan Sontag acaba de estrenar en Sarajevo una nueva versión de "Esperando a Godot.
“Sé que a Beckett le hubiera complacido su elección de la ciudad Bosnia para representar su obra: Godot tampoco llega a Sarajevo. Pero ella sí”. (…)
“Mientras los gobiernos occidentales se debatían entre su temor a intervenir y su mala conciencia al no hacerlo, Susan Sontag no ha vacilado en desafiar la escasez de agua y alimentos, la siniestra puntería de los francotiradores, la metralla de mortero. Gracias a Susan Sontag, los ciudadanos de Sarajevo han visto que la solidaridad internacional no se limita a los cascos azules y a distantes muestras de indignación; algunos de ellos incluso han podido acudir al teatro y liberarse, al menos momentáneamente, de la guerra”. (…)
“Sontag y todo su equipo de artistas y actores bosnios han indicado a sus colegas de occidente, con su generoso gesto, uno de los caminos para escapar de la apatía, el silencio y el miedo mostrado por muchos de nuestros intelectuales y artistas: la acción. porque la acción a escala reducida, a la medida de las posibilidades técnicas de cada uno, puede ser un modo de ir más allá del hasta ahora estéril debate intelectual en torno a la crisis de valores posterior a la guerra fría”. (….)
“Siempre habrá Sarajevos donde esperen, en vano, a Godot. Pero acaso en el futuro, y como ya sucedió en la guerra civil española, otros intelectuales seguirán su ejemplo y no vacilarán en mostrar a sus cínicos gobiernos, que todavía vale la pena arriesgar la vida por unos ideales”.



Primer acto de Esperando a Godot.
ACTO PRIMERO

Camino en un descampado, con árbol. Atardecer.


ESTRAGÓN, sentado en el suelo, trata de descalzarse con ambas manos. Se detiene, agotado; descansa,
jadeando; vuelve a empezar.
Igual juego. Entra VLADIMIRO


ESTRAGÓN. – (Renunciando nuevamente.) No hay nada que hacer.
VLADIMIRO. – (Acercándose a pasos cortos y rígidos, separadas las piernas.) Empiezo a creerlo.
(Queda inmóvil) Durante mucho tiempo me he resistido a creerlo, diciéndome “Vladimiro, sé razonable; aún
no lo has intentado todo” Y reemprendía la lucha. (Se reconcentra, pensando en la lucha. A ESTRAGÓN)
¿Así que otra vez ahí?
ESTRAGÓN.¿Te parece?
VLADIMIRO. – Me alegra volver a verte. Creía que te habías ido para siempre.
ESTRAGÓN. – Y yo.
VLADIMIRO. - ¿Cómo celebraremos este encuentro? (Reflexiona) Ven que te bese. (Tiende la mano a ESTRAGÓN)
ESTRAGÓN. –(Irritado) Luego, luego.
(SILENCIO)
VLADIMIRO. –(Molesto, fríamente.) ¿Puede saberse dónde ha pasado la noche el señor?
ESTRAGÓN. –En la cuneta.
VLADIMIRO. – (Sorprendido) ¿Dónde?
ESTRAGÓN. –(Inmutable.) Por ahí.
VLADIMIRO. – ¿Y no te han sacudido?
ESTRAGÓN. –Sí..., no mucho.
VLADIMIRO. – ¿Los de siempre?
ESTRAGÓN. –¿Los de siempre? No lo sé.
(SILENCIO)
VLADIMIRO. –Cuando pienso..., desde siempre... me pregunto qué habría sido de ti... sin mí...  (Con decisión.) Sin duda, no serías ahora más que un montón de huesos.
ESTRAGÓN.-(Herido en lo vivo.) ¿Y qué más?
VLADIMIRO.(Anonadado.) Es demasiado para un hombre solo. (Pausa.. Vivazmente.) Por otra  parte, ¿por qué desanimarse en este momento? Es lo que yo me pregunto. Hubiera sido necesario pensarlo hace una eternidad, hacia mil novecientos.
ESTRAGÓN. -Basta. Ayúdame a quitar esta porquería.
VLADIMIRO. -Juntos, hubiéramos sido los primeros en arrojarnos desde la torre Eiffel. Entonces sí  que lo pasábamos bien. Ahora ya es demasiado tarde. Ni siquiera nos dejarían subir. (ESTRAGÓN vuelve a su calzado.) ¿Qué haces?
ESTRAGÓN.-Me descalzo. ¿No lo has hecho tú nunca?
VLADIMIRO.-Hace tiempo que te digo que es necesario descalzarse todos los días. Más te vendría escucharme.
ESTRAGÓN.-(Débilmente.) ¡ Ayúdame!
VLADIMIRO.- ¿Te encuentras mal?
ESTRAGÓN. -¡Mal! ¡Me preguntas si me encuentro mal!
VLADIMIRO.~(Acalorado.) ¡Tú eres el único que sufre! Yo no importo. Sin embargo, me gustaría verte en mi lugar. Ya me lo dirías.
ESTRAGÓN.-¿Has estado malo?
VLADIMIRO.-¡ Malo! ¡ Me preguntas si he estado malo!
ESTRAGÓN.-(Señalando con el índice.) Eso no es una razón para que no te abroches.
VLADIMIRO.-(Inclinándose.) Es verdad. (Se abrocha.) No hay que descuidarse en los pequeños detalles.
ESTRAGÓN.-¿Qué quieres que te diga? Siempre esperas a última hora.
VLADIMIRO. –(Ensoñadoramente.) A última hora... (Medita.) Tardará; pero valdrá la pena. ¿Quién decía esto?
ESTRAGÓN.-¿No quieres ayudarme?
VLADIMIRO.-A veces me digo que, a pesar de todo, llegará. Entonces todo me parece extraño. (Se
quita el sombrero, mira dentro, pasa la mano por el interior, lo agita y vuelve a ponérselo.) ¿Cómo lo diría?
Aliviado y, al mismo tiempo..., (Busca.) espantado. (Con énfasis.) Espantado! (Se quita otra vez el sombrero y vuelve a mirar en el interior.) ¡Lo que faltaba! (Golpea encima como que caiga algo, mira nuevamente al interior y vuelve ponérselo.) Así que...
ESTRAGÓN.-¿Qué? (A costa de un esfuerzo su consigue sacarse el zapato. Mira dentro, mete la mano, la saca, sacude el zapato, mira por el suelo por si ha caído algo; no encuentra nada, vuelve a pasar la mano zapato, mirando vagamente.) Nada.
VLADIMIRO.~Déjame ver.
ESTRAGÓN.-No hay nada que ver.
VLADIMIRO.~Trata de ponértelo.
ESTRAGÓN.~(Tras examinar su pie.) Voy a dejarle que se oree un poco.
VLADIMIRO. -He ahí un hombre de una pieza que la toma con su calzado cuando la culpa la tiene
el pie. (Vuelve a quitarse el sombrero, mira e! interior pasa la mano, lo sacude, golpea encima, sopla dentro,
vuelve a ponérselo.) Esto empieza a ser inquietante. (Silencio. ESTRAGÓN mueve el pie, separando los
dedos para que circule mejor el aire.) Uno de los ladrones se salvó. (Pausa.) Es una proporción aceptable.
(Pausa.) Gogo...
ESTRAGÓN.~¿Qué?
VLADIMIRO. –¿Y si nos arrepintiéramos?
ESTRAGÓN. –¿Y de qué?
VLADIMIRO. – Pues... (Titubeando.) No hace falta entrar en detalles.
ESTRAGÓN.~¿De haber nacido?
(VLADIMIRO Comienza a reírse a mandíbula batiente, pero inmediatamente se contiene, llevándose la mano a la entrepierna Con gesto impaciente.)
VLADIMIRO.~Ni siquiera nos atrevemos a reír.
ESTRAGÓN.~ Vaya privación!
VLADIMIRO.~Sonreír solamente. (Cuaja en su rostro una suprema sonrisa, que tras un momento se extingue súbitamente.) No es lo mismo. Bueno... (Pausa) Gogo...
ESTRAGÓN.~(Molesto.) ¿Qué pasa?
VLADIMIRO.~¿ Has leído la Biblia?
ESTRAGÓN. –La Biblia... Le he echado un vistazo, seguramente.
VLADIMIRO. – (Sorprendido) ¿En la escuela laica?
ESTRAGÓN. –Cualquiera sabe si lo era o no.
VLADIMIRO. – Debes confundirla con la prisión juvenil
ESTRAGÓN. –Quizá. Recuerdo los mapas de la Tierra Santa. En colores. Muy bonitos. El Mar

Muerto era azul pálido. Nada más mirarlo, me entra en sed. Pensaba: “Ahí iremos a pasar nuestra luna de
miel. Nos bañaremos. Seremos felices.”
VLADIMIRO. –Tenías que haber sido poeta.
ESTRAGÓN. –Lo he sido. (Señalando sus harapos.) ¿Es que no se nota?
(SILENCIO)
VLADIMIRO. – ¿Qué estaba diciendo?...¿Cómo sigue tu pie?
ESTRAGÓN. –Se está hinchando.
VLADIMIRO. – ¡Ah! Ya recuerdo: la historia de los ladrones. ¿Recuerdas?

Photogalería - Distancias insalvables



Madrid - San Isidro (Buenos Aires, Argentina)-
Colonia (Uruguay) - París

"El tiempo del viaje se vuelve un modelo a escala y despiadado del tiempo de una vida: hay un límite más o menos cercano, todo debe ser hecho en el apretado espacio de equis días, sólo que en este caso, el límite es explícito, se lo conoce de antemano. El viajero es siempre un condenado y el el tiempo y su desliz se vuelven aún más angustiosos y aparece ... la obligación de aprovechar a ultranza todos los momentos. Y todos los espacios: en tantos lugares, obscenamente la certeza de que uno nunca volverá."

(Fragemento de "Larga distancia" en Lacrónica, Martín Caparrós)

Sol Gabetta

Sol Gabetta  Nació en Villa María, provincia de Córdoba, Argentina, en 1981.
Algo más que suerte le ha tocado en la vida a esta muchacha. Desde niña, la música ha estado presente en su vida, como para facilitarle las cosas, parece. Su madre es pianista y su hermano mayor, violinista.
Algo de talento ha de tener puesto que a los diez obtuvo una beca en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid. A la hora de estudiar violoncello consiguió un sitio en la Academia de Música de Basilea. Luego viajó a Berlín y continuó sus estudios en la Escuela Superior de Música Hans Eisler.
Esta joven acostumbrada a prestar su oído, tiene un romance con el sonido. Es también políglota. Habla español, ruso, francés, italiano, inglés y alemán.
Actualmente vive en Olsberg, Suiza,  donde desde hace cuatro años, en el mes de junio, organiza el festival Solsberg que creó junto con Cristoph Müller, director de la Orquesta de Cámara de Basilea.
Es tradición entre los cellistas ejecutar un instrumento delicado, casi se diría con buena presencia y alcurnia. Gabetta se acompaña con cello Gadagnini de 1759.
                 De su repertorio forman parte Haydon, Offenbach, Hofman, Bizet, Tchaikovsky, Vivaldi y Ginastera.
Si el éxito es vivir haciendo lo que uno ama y obtener por ello reconocimiento, Sol Gabetta se lleva todas las palmas. En Alemania sus discos se venden como el pan.
En la Argentina recibió tres veces el premio Gardel de Música Clásica. En dos oportunidades se llevó el galardón alemán Echo Klassik de la Ópera.
El don de la belleza no le ha sido negado. El de la simpatía, tampoco.
*Los datos biográficos fueron extraídos del site oficial de la cellista.

Teodora Miteva, Cello

Teodora Miteva nació en Russe, Bulgaria en 1976. 
Toca con un violoncello Honore Derasay, Paris, 1860.
 Haciendo click en el título se puede ver video