Con el vértigo de mirar hacia arriba
"Y creció por sí sola,
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo
y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos,
escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras".
Fragmento de "No hay puertas" de Olga Orozco.
La fiebre de las palabras
"No hay más que palabras definitivas. No hay otras palabras.
Tengo una fiebre de buscador de oro para encontrar esa palabra: el diamante de una obrera".
Fragmento de "La locura ante todo", Violette Leduc en Valses y otras falsas confesiones, Instituto Nacional de Cultura, Lima, 1972)
Donde sucede la tierra
"hacerme un alma donde sucedieran/ todas las vidas, todos los países.
Hasta volverme una caricia
giradora en la tierra única,
maravillosamente inútil. Y al fin voy
de eternidad flameando, con la túnica.
La que buscan como un aceite
los quemados y desollados.
La que desciende al lirio campesino
cuando se miran los enamorados".
Fragmento de "La llave", Amelia Biagioni.
Donde el sol mata las preguntas
Marta (agitada):
(…) Madre, ¿es cierto
que allá la arena quema los pies?
Marta: Leí en un
libro que el sol se come hasta las almas y hace resplandecer los cuerpos, pero
los vacía por dentro.
La Madre: Y eso,
Marta, ¿te hace soñar?
Marta: Sí, porque
estoy harta de cargar siempre con mi alma y tengo prisa por llegar a ese país
donde el sol mata las preguntas. No es ésta mi patria.
Fragmento de "El malentendido" de Albert Camus (1944)
La vocación
No es nada... ¡Sí!...
¡El no tenía fe en el teatro!... ¡Se reía de mis sueños!... ¡Yo también, poco a poco, dejé de creer en él y mi ánimo fue decayendo!... ¡A esto se unía la inquietud amorosa..., los celos..., un eterno temor por el pequeño!... ¡Me volví mezquina..., nula!... ¡No daba un sentido a mis papeles, no sabía que hacer con mis manos ni tenerme en escena!... ¡Tampoco era dueña de mi voz!... ¡Usted no sabe lo que es tener conciencia de que se ejecuta un papel terriblemente mal!... ¡Soy una gaviota!... ¡No..., no es eso!...
Un día..., ¿lo recuerda?..., mató usted una... «¡El azar llevó allí a un hombre!... ¡El hombre vio a la gaviota y la mató por hacer algo!»... ¡Argumento para una novela corta!... No es eso... (Se frota la frente con la mano.)
¿De qué estaba hablando?... ¡Ah, sí!... Hablaba de la escena... ¡Ahora soy otra!... ¡Ahora soy una verdadera artista!... ¡Represento mis papeles
¡Se apodera de mí como una embriaguez en el escenario, y me reconozco a mí misma maravillosa!...
¡Aquí ando..., ando incesantemente y,
mientras ando y pienso, siento cómo crecen de día en día las fuerzas de mi
alma!...
¡Ahora,
Kostia, sé y comprendo que en nuestras profesiones - tanto escribiendo como representando-
lo principal no es la gloria, ni el brillo, ni la realización de los sueños!...
¡Lo
principal es saber sufrir!... ¡Lleva tu cruz y ten fe!... ¡Yo la tengo, y por
eso mi sufrimiento es menor!... Y cuando pienso en mi vocación, no temo a la
vida.
Fragmento de “La gaviota”, Comedia de Antón
Chejov en cuatro actos. (1895). Acto cuarto, Escena III.
La mudez del río
del litoral
hay olor fresco en la casa
de ese que nos gusta tanto que cerramos los ojos y vemos
algo sencillo, como lejos, nubes, celeste.
Allá se le dice olor de mañana, se sonríe y temblamos un poco.
Entonces es llegar para abrir las ventanas y reír
que el frío es distinto porque tiene olor
acostarse pensando en eso, el silencio, como la nostalgia,
y de golpe, la lágrima, el ripio, el color de las piedras mojadas
ese andar desparejo entre los yuyos que forman un puente de vereda en vereda
quién sabe para quién.
El ripio que brota desde el sonido y la aspereza.
para meternos un poco más en la tierra. Y es tan lindo el verde de allá que no
[sabemos dónde ir,
en cada plaza una farola amarilla, de poste naranja, que de noche encandila.
De mañana hay mate caliente y junto al olor es distinto,
la yerba toma otro gusto, quedando la amargura en la lengua
que ya para las cinco está verde. Es el mejor momento para caminar.
Debe ser el asfalto y la mudez del río, algo cambia.
En el recuerdo se instala el sonido del primer tren de la mañana,
inflamos el pecho y respiramos con ganas
como si fuese nuestro primer aliento en estas tierras.
El olor fresco en la casa. Poema de Diego Vdovichenko.
El silencio del bosque, de los días de a pie
Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve.
Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.
Paz - Poema de Alfonsina Storni
La literatura es la historia de la respuesta humana a lo que está vivo
... "Una de las tareas de la literatura es formular preguntas y elaborar afirmaciones contrarias a las beaterías reinantes. E incluso cuando el arte no es contestatario, las artes tienden a la oposición. La literatura es diálogo, respuesta. La literatura puede definirse como la historia de la respuesta humana a lo que está vivo o moribundo a medida que las culturas se desarrollan y relacionan unas con otras. Los escritores algo pueden hacer para combatir esos lugares comunes de nuestra alteridad, nuestra diferencia, pues los escritores son hacedores, no sólo transmisores, de mitos. La literatura no sólo ofrece mitos, sino contramitos, al igual que la vida ofrece contraexperiencias: experiencias que confunden lo que creías creer, sentir o pensar".
"Un escritor es alguien que presta atención al mundo. Eso significa que intentamos comprender, asimilar, relacionarnos con la maldad de la cual son capaces los seres humanos, sin corrompernos -volviéndonos cínicos o superficiales- al comprenderlo".
"La literatura nos puede contar cómo es el mundo. La literatura puede ofrecer modelos y legar profundos conocimientos encarnados en el lenguaje, en la narrativa. La literatura puede adiestrar y ejercitar nuestra capacidad para llorar a los que no somos nosotros o no son los nuestros".
"¿Qué seríamos si no pudiéramos sentir simpatía por quienes no somos nosotros o no son los nuestros? ¿Quiénes seríamos si no pudiéramos olvidarnos de nosotros mismos, al menos un rato? ¿Qué seríamos si no pudiéramos aprender? ¿Perdonar? ¿Volvernos algo diferente de lo que somos?" ...
..." la lectura, de libros traducidos y escritos en inglés, me había salvado cuando era colegial en Arizona, mientras esperaba crecer y escapar a una realidad más amplia".
"La disponibilidad de la literatura, de la literatura mundial, permitía escapar de la prisión de la vanidad nacional, del filisteísmo, del provincianismo forzoso, de la inanidad educativa, de los destinos imperfectos y de la mala suerte. La literatura era el pasaporte de entrada a una vida más amplia; es decir, a un territorio libre".
"La literatura era la libertad. Y sobre todo en una época en que los valores de la lectura y la introspección se cuestionan con tenacidad, la literatura es la libertad".
Fragmento de "Literatura es libertad", de Susan Sontag, diario El País, 15 octubre 2003.
Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse, a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse, a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.
Poema "Mi Buenos Aires querido" de Juan Gelman (Gotán, 1962).
Gravedad y riesgo
Escucho mas no sé
Si lo que oigo es silencio
O dios
Escucho sin saber si estoy oyendo
El resonar de las planicies del vacío
O la conciencia atenta
Que en los confines del universo
¡Me mira y me descifra
Sólo sé que camino como quien
Es mirado amado y conocido
y por eso en cada gesto pongo
Gravedad y riesgo
Poema "Escucho" de Sophia de Mello Breyner Andresen - Versión de Diana Bellessi
Lenguas de sal
Se incendia el árbol de la noche
y sus astillas son estrellas,
son pupilas, son pájaros.
Fluyen ríos sonámbulos.
Lenguas de sal incandescente
contra una playa oscura.
Todo respira, vive, fluye:
la luz en su temblor,
el ojo en el espacio,
el corazón en su latido,
la noche en su infinito.
Fragmento de "Noche de verano" de Octavio Paz