Los peces sagrados


"Según la mitología de los egipcios, Abtu y Anet son dos peces idénticos y sagrados que
van nadando ante la nave de Ra, dios del sol, para advertirlo contra cualquier peligro.
Durante el día, la nave viaja por el cielo, del naciente al poniente: durante la noche, 
bajo tierra, en dirección inversa". 


 ("Abut y Anet, "El libro de los seres imaginarios", Jorge Luis Borges.)

L' art sans mesure


           

En la peña del Tortoni,... "cuando la reunión decaía o había algún problema en puerta, para disolver la tensión Quinquela hacía un gesto a Alfonsina que, apoyándose en el piano, recitaba alguno de sus poemas o cantaba un tango". 
                 (Josefina Delgado, Alfonsina Storni, una biografía esencial")


El tiempo que, sin motivo, vuelve


"En la bóveda de la tarde cada pájaro 
es un punto del recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y un sabor de polvo
que fue rosa o camino.



El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta 
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra". 
                                              ("Resumen en otoño",  Julio Cortázar.)                  
    ("Resumen en otoño", Julio Cortázar.)

Cuando el viento lo abandona, espera


... "Cuando el viento lo abandona, espera. A veces el viento demora, 
pero siempre vuelve: lo busca, lo llama, y se lo lleva. 
Y él se deja llevar, se deja volar, 
con sus alas enormes planeando en el aire." 
(Fragmento de "El albatros", Eduardo Galeano) 

Ahora escribo pájaros


 "Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
         posándose
             una
                  a      
                     una
          en los alambres de la página,
          chirriando, picoteando, lluvia de alas
              y yo sin pan que darles, solamente
                       dejándolos venir. Tal vez
                               sea eso un árbol
                                 o tal vez
                                         el amor".


("Ahora escribo pájaros", Julio  Cortázar.)

El punto de partida

" Hasta el instante previo al momento en que empezamos a escribir, tenemos a nuestra disposición, el mundo -el que para cada uno de nosotros constituye el mundo, una suma de datos, de experiencias, de valores-, el mundo dado en bloque, sin un antes ni un después, el mundo como memoria individual y como potencialidad implícita; y lo que queremos es extraer de este mundo un argumento, un cuento, un sentimiento: o, tal vez más exactamente, queremos llevar a cabo un acto que nos permita situarnos en este mundo. Disponemos de todos los lenguajes: los elaborados por la literatura, los estilos en los que se han expresado civilizaciones e individuos en todos los siglos y países, y también los lenguajes elaborados por las disciplinas más dispares, los concebidos para alcanzar las más variadas formas de conocimiento. Y lo que nos proponemos es extraer de ellos el lenguaje más apropiado para contar lo que queremos contar, un lenguaje que sea aquello que queremos contar" 

(Fragmento de "Cómo empezar y cómo acabar", "Seis propuestas para el próximo milenio", Italo Calvino.)

Más allá


…y su ansiedad por un barco se confundió con su ansiedad por partir. 
Todo era una misma y única cosa”. 
(Fragmento de “Sudeste”, Haroldo Conti, 1962).

Conexiones
















"Supongo que es imposible entrar en la soledad de otro. Sólo podemos conocer un poco a otro ser humano, si es que esto es posible, en la medida en que él se quiera dar a conocer."










             








                 ("La invención de la soledad", Paul Auster.)

"Árboles"



Video realizado por Paula Giménez Zapiola. Poesía de Antonio de Bernardí.

El llanto y sus equivalencias


"Ningún otro objeto en la casa, ni siquiera nosotros mismos, nos resultaba tan importante como el pañuelo. Podía utilizarse para una infinidad de cosas: resfriados, cuando la nariz sangraba o había alguna herida en la mano, el codo o la rodilla, cuando uno lloraba o lo mordía para reprimir el llanto. 



Un pañuelo frío y húmedo en la frente aliviaba el dolor de cabeza. Con cuatro nudos en las esquinas servía para protegerse del sol o de la lluvia. 

                                                                                                                            Cuando uno quería acordarse de algo, 
            hacía un nudo en el pañuelo 
           como artificio mnemotécnico.                                                                                    

                            
                                Para cargar bolsas pesadas se envolvía en él la mano.
                 Si ondeaba era una señal de despedida cuando el tren salía de la estación. 




Y como tren se dice en rumano TREN, y en el dialecto del Banato lágrima (Träne) se dice trän, en mi cabeza el chirrido de los trenes sobre los rieles equivalía siempre al llanto".





(Herta Müler,  fragmento de su Discurso Premio Nobel de Literatura 2009.)

Señuelos, poética de la infancia


“Había salido con mis pertrechos a pescar en … lo que llamábamos “la boca del río”. … y allí estaba, el río hacía ya sus despedidas sin que la boya de corcho hubiera dado ninguna señal de movimiento subacuático, cuando de repente, sin haber pasado antes por ese temblor excitante que anuncia los tientos del pez mordiendo el anzuelo, se sumergió de pronto en las profundidades, casi arrancándome la caña de las manos.Tiré, fui tirando, pero la lucha no duró mucho.  El hilo estaba mal atado, o podrido, con un tirón violento, el pez se lo llevó todo, anzuelo, boya y plomada. Imagínense ahora mi desesperación. Allí, a la vera del río donde el malvado debía estar escondido, mirando el agua nuevamente tranquila, con la caña inútil y ridícula en mis manos y sin saber qué hacer. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea más absurda  de toda mi vida: correr a casa, armar otra vez la caña de pescar y regresar para ajustar cuentas definitivas con el monstruo.
La casa de mis abuelos estaba a más de un kilómetro del lugar donde me encontraba, y era necesario ser tonto del todo (o ingenuo simplemente) para tener la disparatada esperanza de que el barbo iba a estar allí esperándome, entreteniéndose en digerir no sólo el cebo sino también el anzuelo y el plomo, y ya de paso la boya, mientras la nueva pitanza no llegaba.
… Pues a pesar de todo, contra toda razón, … salí disparado por la orilla del río, luego campo adentro, atravesando olivares y rastrojos para atajar camino, hasta irrumpir jadeante en la casa, donde le conté a mi abuela lo que había sucedido mientras iba preparando la caña, y ella me preguntó si yo creía que el pez iba estar todavía allí, pero no la oí, no quería oír, no la podía oír.



Regresé al lugar.
El sol ya se había puesto, lancé el anzuelo y esperé. No creo que exista en el mundo un silencio más profundo que el silencio del agua. Lo sentí en aquella hora y nunca lo he olvidado. Allí estuve hasta no distinguir la boya que la corriente hacía oscilar un poco, y. por fin, con la tristeza clavada en el alma, enrollé el hilo y regresé a casa. Aquel barbo había vivido mucho, debía ser por la fuerza que demostró, una bestia corpulenta, pero seguro que no moriría de viejo, alguien lo pescaría cualquier otro día. De alguna manera, con mi anzuelo enganchado en las agallas, tenía mí marca, era mío.”

(Fragmento de “Las pequeñas memorias”, José Saramago.)

El idioma del agua


"Tiene voz y sombra
y duele
como el alma 
cuando se ensancha al revés.



             Tirita y moja de miedo,
              guarda un puñal en sus olas
                  para las espaldas tristes.

Nostalgia, el color del río,
dolor de mirada torva
horizonte inquieto, 
y llanto seco. ".


("Paisaje inaugural", Victoria Olleros.)
                                                         

Señales del cambio


“… ese día era distinto. Compró cebollas, compró duraznos; pero eran otras cebollas y otros duraznos, tendrían un sabor especial, se comerían en un día distinto ...







… Ahora lo sé, los duraznos el té y las cebollas iban a saber diferente. Llevaban otro sabor.”. 

                 



 (Fragmento de “Delta”, Fedra Spinelli.)  

Amanece, se imaginan los sueños



XIV

Tú conoces la casa, el pequeño jardín: paredes altas, estrechas, y allí arriba el cielo. La noche permanece todavía sobre la tierra y hay una claridad amenazante, diáfana, encima. La luz penetra a los árboles dormidos (hay que ver la isla de los árboles dormidos en la ciudad dormida y quieta). Se imaginan los sueños, se aprende todo. Todo está quieto, quieto el río, quieto el corazón de los hombres. Los hombres sueñan.
Amanece sobre la tierra, entre los árboles, una luz silenciosa, profunda.
Me amaneces, dentro del corazón, calladamente.

(Poema XIV, de "Doña Luz",  de "Maltiempo", Jaime Sabines, 1972).

Mirar el río hecho de tiempo y agua

                                                       

Como si se moviesen las islas


 "El viento ondulaba la superficie del río y, por encima del río, aquel inconstante mar verde en medio del cual se afanaba. Oía el silbido enroscándose en torno suyo, como una serpiente. Y luego las palpitaciones de aquella enorme soledad. El se movía transportando ese mundo, donde quiera que fuese.
El viento había ajado sus manos y sus manos, de piel tensa y curtida. La lejanía vació sus ojos y la soledad lo tornó astraído y mustio."


El zumbido de los aviones crece y decrece sobre su cabeza de un extremo a otro del cielo.Y después el silencio. (...) Un pájaro oscuro remonta el vuelo con un chillido desolado. (... ) Más cerca está el roce constante del junco y el barro que gorgotea debajo de  sus pies".
(...) De manera que no había más que cargar el bote; el farol, la manta, el Primus, los aparejos y Olimpio, salir al medio del río y esperar. Las cosas llegaban solas

Fragmento de "Sudeste", Haroldo Conti.

Un árbol en verano es casi un pájaro



... " A propósito de la noche, los pájaros y el verano. Recuerda, por ejemplo, a propósito de  los pájaros, el primero de ellos que se posó sobre la primera rama, que ha quedado allá abajo pero entonces era el punto más alto, ya casi no da hojas y es tan gruesa como un pequeño árbol. En aquel tiempo era su parte más viva y sintió el pájaro sobre su piel, un agitado montoncito de plumas. Descansó un rato y luego reemprendió el vuelo. 



Recién dos veranos después, cuando divisó la primera casa de un hombre y detrás de ella la relampagueante línea del ferrocarril, una montera armó un nido en la horqueta de la última rama.  
Cortó y anudó ramitas pacientemente y así el álamo se convirtió en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa, como antes supo del camino y del alma del camino, ese ancho árbol florecido de sueños. El nido se columpiaba al extremo de la rama y él, aunque gustaba del loco viento de la tarde, procuraba no agitarse mucho por ese lado, le dio todo el cobijo que pudo, echó para allí más hojas que otras veces.
Al final del verano los pichones saltaron del nido y los sintió desplazarse temblorosos sobre la rama con sus delgadas patitas, tomar impulso una y otra vez y por fin lanzarse y caer en el aire como una hoja. Un árbol en verano es casi un pájaro. Se recubre de crocantes plumas que agita con el viento y sube, con sólo desearlo, desde el fondo de la tierra hasta la punta más alta, salta de una rama a otra todo pajarito, ave de madera en su verde jaula de fronda".



(Fragmento de "Verano", de "Balada del álamo carolina", Haroldo Conti.)