Sueños de madera


En este reino mío donde creció mi infancia
con sus mitos de siestas, cedrones y torcazas
en esta casa, digo, donde anduve los pasos
aquellos del pesebre, de los sueños en alto,
yo descubrí el secreto de los panes fragantes
y el canto de los pájaros.
Y tengo en mí las manos que guiaron mis manos
las cuatro azules manos de sangre siempre viva
las que me señalaron la ruta de la estrella

y este divino oficio de ceñir los silencios
con lazos de palabras.
Y tengo en mí encendidos los tiempos del milagro



los del amor primero, los de la patria niña
aquellos del misterio, de la simple alegría
aquellos que confluyen en los brazos del árbol.


Y estoy aquí y ahora con mi ilusión a cuestas
y dibujo nostalgias de sus muros bermejos


y en la higuera que sabe de las tardes celestes
hoy busco la certeza de la antigua memoria
que se fue con el viento.
Hoy vuelvo a mis ancestros, a la raíz del canto
a los duende traviesos que aprisionan ausencias
y rescato el poema que se gestó en sus noches

y al hombre inmemorial de las leyendas.
Yo decreto por siempre la eterna primavera
en este reino mío donde el amor palpita.
Yo decreto por siempre que el amor no se muera
 y que se encienda el fuego sin tiempo de la espera.









En este reino mío, donde mi tarde llega 
yo fui feliz acaso, con sueños de madera.


("La casa", Selva Yolanda Ramos.)