El Museo cuenta con 13 salas de exposición y grandes obras maestras como La lección de esquí, de Joan Miró; Retrato de Dora Maar, de Pablo Picasso; y El carnaval nocturno, de Marc Chagall. Además se exhiben piezas de artistas, venezolanos y extranjeros, como Armando Reverón, Jesús Soto, Oswaldo Vigas, Alirio Palacios, Asdrúbal Colmenárez, Jacobo Borges, Marisol Escobar, Jean Arp, Alexander Calder, George Segal, Fernando Botero, Victor Vasarely, Auguste Rodin, Magdalena Abakanowicz, Auguste Rodin, Georges Braque, Red Grooms, Henri Laurens, Francis Bacon, Alberto Magnelli y Larry Rivers, entre otros.
Hamilton de Holanda, músico y bandolinista. Nació en 1976, en Río de Janiero. La prensa francesa lo llama el "Príncipe del Bandolín", instrumento de 8 cuerdas que él llevó a 10. Marco Pereira. Nació en San Pablo, Brasil, en 1956. Es compositor, arreglador, profesor y guitarrista. Recibió una fuerte influencia del jazz y también de la música latinoamericana, que caracteriza su trabajo como compositor.
Si digo Venezuela, digo Caracas y digo Caracas, de paso, por trabajo. ¿Conociste Venezuela? No. Sí. Algo. Poco. Lo que se tiene a mano cuando uno está de paso, y se va de la seca a la meca, casi nunca mezclada entre la gente del lugar.
Menos que una turista que ha comprado un paquete por agencia. Menos que un residente.
Me habían alertado del calor que haría. Tengo la presión baja e iba con la guardia alta. Sin embargo, no hubo problemas con el clima.
Es cierto, por las mañanas hacía bastante calor. Sin embargo se sentía apacible, el cielo claro hasta volver nítidos los contornos de la ciudad.
Tampoco la falta de sueño o esa extraña sensación que tiene uno al vivir unos días en un espacio distinto, en un tiempo al que no está acostumbrado, resultó un obstáculo para conectarme con ese pedacito de Caracas que me estaba predestinado.
Siete horas de vuelo me habían aturdido un poco. Rebobino. Mi compañero de ruta, Carlín, un muchachito caraqueño de 19 años, que volvía de Buenos Aires a su país natal, había sido la mar de la amabilidad. Charlamos, con alegría. No lo ví al bajar del avión. Cómo me gustaría encontrarlo y contarle que sí, que conseguí el cuatro, un instrumento de cuatro cuerdas típico de Venezuela que me recomendó para regalarle a mi hijo.
En el aeropuerto internacional de Maiquetía me recibió una chica del lugar: Asuil, Luisa al revés. Los nombres de la gente son muy diferentes de los nuestros, castizos: María, Isabel, Pedro. Las chicas se llaman Omaira o Tahís. Los hombres Igor o Arión.
El camino al hotel fue silencioso.
A derecha e izquierda
se veían los cerros, así los llaman cuando quienes los habitan son pobres. Las montañas verdes donde viven los ricos son colinas.
A las casas precarias en la Argentina se las ha bautizado como villas. Ellos tienen un modo quizás menos estigamatizante para nombrarlas: barrios. Lo que es para nosotros un barrio para los venezolanos es una urbanización.
Sigo con el primer día. Algunas pinceladas. Impresiones que deja este estar de paso. Por la noche Thaís, que trabaja en un área de gobierno, me estuvo contando acerca de muchas cosas. Del horizonte político, entre otras. Ni falta hacía que habláramos del tema ya que como pronto hay elecciones parlamentarias en Venezuela, había un eco persistente de discursos antagónicos en la calle, en los medios de comunicación. Se sabe hoy en Youtube está todo. Para qué abundar. Thaís habló también de los paisajes con que cuenta ese territorio de 900 mil kilómeros cuadrados que alterna selva y llano y playa. La joven venezolana conversó de la educación en los tiempos que ellos llaman de la primera revolución.
Y habló también sobre la importancia de la música en Venezuela. Hace más de treinta años, Antonio Abreu ideó el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles. Un proyecto que sigue hoy vigente y tiene como objetivo darles una herramienta de inserción social a los niños y niñas venezolanas. Thaís participó en un tiempo del Sistema y tuvo su instrumento con el que practicaba cada día al volver de la escuela.
El Estado brinda a los chicos y jóvenes violines, trombones, saxos,tambores. Los ví llegar en grupos por las mañanas y las tardes al hotel donde me alojaba, cargando con sus instrumentos y ensayar durante horas. Se los veía felices. En ningún otro sitio tanto. Al término del entrenamiento, un micro pasaba a buscarlos.
La Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV) considera a la música como obra social del Estado venezolano. "La estructura funcional, educativa, artística y administrativa que da forma al Sistema es el Núcleo. Allí se llevan a cabo todos los programas orquestales y corales de la FESNOJIV, lo que los convierte en centros de enseñanza que, en muchos casos, funcionan como centros de promoción de las actividades educativas, artísticas y culturales de las comunidades", explica el sitio oficial de la FESNOJIV.Y continúa: "Los Núcleos varían en tamaño y complejidad y están ubicados en todos los estados del país. En la actualidad existen 180 Núcleos que atienden 350.000 niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y forman una compleja y sistemática red de orquestas y coros juveniles e infantiles".
Para el Estado de Venezuela el Sistema "es un modelo probado de cómo un programa de educación musical puede crear grandes músicos y cambiar dramáticamente la vida de cientos de miles de niños pobres de un país. Su enfoque de la educación musical enfatiza una intensiva práctica grupal desde las más tempranas edades y el compromiso de mantener siempre presente la alegría y la diversión que se derivan del aprendizaje y la creación de la música".
"Los niños en edad preescolar comienzan estudiando ritmo y expresión corporal. (...) A los 5 años de edad los niños seleccionan sus instrumentos, comenzando con percusión y flauta dulce. También se unen a un coro con el fin de crear sentido comunitario a través del trabajo grupal. A los 7 años todos los alumnos pueden escoger su primer instrumento de cuerda o de viento. Los niños pueden cambiar de instrumento, pero no son alentados a hacerlo sin contar con un buen motivo".
Volvamos a Thaís y su recuerdo de Gustavo Dudamel, el más venezolano más conocido en la actualidad después de Hugo Chávez. Ella lo conoció de niño.
Dudamel nació en 1981 en Barquisimeto, donde estudió violín en el conservatorio Jacinto Lara con José Luis Jiménez y, más tarde, con el maestro José Francisco del Castillo en la Academia Latinoamericana de Violín. Siendo muy joven, a los quince años, inició sus estudios de dirección de orquesta con el Maestro Rodolfo Saglimbeni y ese mismo año fue nombrado director musical de la Orquesta de Cámara Amadeus. A los 19 asumió como Director Musical de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y continuó sus estudios de dirección con el Maestro José Antonio Abreu, fundador de la Orquesta. Se barió camino. Ganó numerosos premios. Llevó la música de Venezuela por el mundo. En 2009 Dudamel fue nombrado una de las 100 personas más influyentes del año por la revista Time.
El Sistema En una primera fase, la enseñanza está orientada al canto y la práctica de un instrumento. Los chicos aprenden a utilizar la notación musical estándar gradualmente. Semanalmente tienen tres niveles de práctica : grupal, seccional e individual. Lo ideal es que los estudiantes sean atendidos por los mismos profesores en las prácticas grupales e individuales, para lograr progresos más rápidos.
Una de las características del Sistema es que los estudiantes toquen frente al público tanto y tan pronto como es posible. "Esto disminuye la presión de las presentaciones formales y permite que forme parte natural de sus vidas como músicos" .
"Desde una temprana edad, los estudiantes están en contacto con las distintas orquestas de El Sistema, desde las más pequeñas hasta la internacionalmente famosa Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar". El espíritu es que la música resulte algo cercano, accesible.
Al estar en funcionamiento hace tantos años, ya exiten profesores formados en el Sistema. "La mayoría de los educadores de El Sistema y líderes de los Núcleos fueron alumnos del programa".
Existe un plan de estudios nacional pero el programa puede ser adaptado a cada comunidad.
La formación incluye autores clásicos como representantes de la música tradicional y académica venezolana.
El lema del programa es "Tocar y luchar, una gran consigna para una gran orquesta". Para los músicos de El Sistema, Tocar y Luchar significa asumir la música como una experiencia colectiva y social, implica una búsqueda constante de excelencia y, sobre todo, perseverar hasta hacer realidad los sueños. En 2005, el cineasta venezolano Alberto Arvelo, quien en su infancia recibió educación musical dentro de El Sistema en el estado Mérida, realizó el documental "Tocar y Luchar" sobre el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Buenos Aires, como toda ciudad, conserva cicatrices, baldosas con los nombres de quienes murieron en las luchas políticas, paredones con insignias partidarias, restos de medianeras de algún edificio demolido. También guarda vestigios del pasado, de sus prohombres, de sus artistas. En el Bajo, donde se cruzan avenida Colón e Independencia, en el barrio porteño de San Telmo, se alza, tras rejas que se impusieron en todas las plazoletas de la ciudad, el Canto al trabajo del escultor argentino, Rogelio Yrurtia (1879-1950). ¿Imaginaría el escultor a los 19 años cuando ingresó a la Escuela de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes que sería capaz de concebir una obra tan expresiva como bella? Sus comienzos Su primer maestro fue el escultor Lucio Correa Morales, con cuya hija se casó. Como muchos argentinos de aquellos años, consiguió una beca y se radicó Italia y en París. Estudió en la Academia Jullien, luego aprendió dibujo en la Academia Colarossi. Su mentor fue el escultor Jules Félix Coutan. Dicen que era un trabajador incansable. Expuso un torso en el Salón de la Societé Nationale des Artists Francaises, que según cuentan, fue admirado por Auguste Rodin. En 1907 obtuvo, por concurso, el encargo para la realización del Monumento al Coronel Borrego. La Municipalidad de Buenos Aires le encargó, ese mismo año, el Canto al Trabajo que fue inaugurado en 1926. Yrurtia tenía tan sólo veintiocho años. Se trata de un grupo escultórico fundido en bronce, formado por 14 figuras cuyo tamaño es dos veces y medio el tamaño del ser humano promedio. Otras esculturas de Yrurtia: el Mausoleo de Bernardino Rivadavia (1916-1932), emplazado en la plaza de Miserere, realizada entre 1916 y 1936. La Justicia, encargada por su amigo, Carlos Delcasse, para su bóveda en el cementerio de Vicente López, que luego fue reproducida en bronce, emplazada en la entrada del Palacio de Tribunales. En 1904 ejecutó el monumento al doctor Alejandro Castro para el Hospital de Clínicas. El Museo Casa de Yrurtia de la calle O´Higgins, en el barrio de Belgrano, alberga el resto de su obra.
Hace poco leí Antártida de Claire Keegan, una de las escritoras más destacadas de la narrativa irlandesa actual. Nació en 1968 en County Wicklow, Irlanda. Su prosa me resultó fresca, profunda, simple. Tanto me gustó que conseguí su segundo volumen de cuentos, Recorre los campos azules, que publicó en castellano Eterna Cadencia. Su sentido del humor, el ambiente rural en el que transcurren sus historias, el trazo preciso con que dibuja sus personajes, me recordaron el estilo de la canadiense Alice Munro, en particular el que maneja en su libro El progreso del amor.
No soy amiga de la crítica literaria. Por eso para esta entrada elegí una entrevista que a Claire Keegan de Gerardo Gambolini publicada en Perfil en marzo de 2009, que transcribo parcialmente y puede consultar completa aquí.
"—¿Cuándo y cómo comenzó a escribir? —Empecé en 1994. Cuando terminé mis estudios en Estados Unidos, volví a Irlanda, al país con mayor tasa de desempleo de Europa. Escribí a 300 lugares y recibí 300 cartas de rechazo. Yo estaba viviendo con mi madre, en un pueblito de County Carlow. Una tarde, mientra ella miraba televisión, escuché desde mi cuarto sobre un concurso de cuentos que estaba anunciando, con un premio de mil libras. Como tenía una máquina de escribir que acababa de comprarme para tipear las cartas, decidí enviar un cuento. En ese sentido, podría decir que empecé a escribir por dinero". ¿Diría que la elección del cuento como género se debió a un concurso? —Bueno, yo creo que el cuento me eligió a mí. Me parece que el cuento no tiene muchos escritores, y está buscando escritores. (...) ¿A qué escritores admiraba en aquel momento? - William Trevor, Raymond Carver, Flannery O’Connor, Alice Munro, Alister MacLeod, Joyce... —¿Tiene algún método o algún enfoque sistemático para escribir? —No creo tener un enfoque sistemático. Creo que mi enfoque es cualquier cosa menos sistemático. Si quiero escribir una historia, necesito juntar ánimo para entrar en algo de lo que no sé absolutamente nada. Y después, explorar hasta encontrar algo que me permita arrancar. Es como cualquier otra tarea, lo más difícil es empezar... si uno se esfuerza en esa etapa, si explora y busca y sigue trabajando, dará con algo, descubrirá algo que le parece bien. Uno no sabe por qué le parece bien, y no debe cuestionarlo, sólo debe continuar con eso. En ese punto no se puede detener. Y entonces la tarea comienza a ganar intensidad y a transformarse en verdadero trabajo. Uno se siente atraído por algo, y sabe que allí hay algo, aunque no pueda explicar esa sensación: uno sabe que está ahí, sencillamente. Cuando yo era niña, había un hombre, el señor Hanley, que podía hallar agua. Iba con sus varillas de acero, y cuando pasaba sobre alguna corriente subterránea, las varillas simplemente se cruzaban en sus manos. Eso es lo que uno hace. Al principio, uno está todo el tiempo, la mayor parte del tiempo, recorriendo tierra en la que no se ve agua, y de pronto, en algún punto, si uno sigue caminando, las varillas se cruzan, y uno halla una historia. (...) - ¿Concordaría con aquello de que el arte de escribir reside en quitar cosas? —Sí, sin duda. Philip Larkin dice: “¿Por qué la gente asocia agregar con aumentar? Para mí, agregar es diluir”. Eso es algo que me quedó muy grabado. Con frecuencia, cuando tengo el trabajo a medio terminar, me paso tiempo sacando muchas cosas que ya están listas, casi hasta el punto de deshacerlo.
Concierto por la paz - Daniel Barenboim - Orquesta palestino-israelí. Obelisco, ciudad de Buenos Aires, Argentina. Sábado 21 de agosto, 2010. El sábado 21 de agosto Daniel Barenboim se presentó en Buenos Aires con la Orquesta West-Eastern Divan. Cincuenta mil personas se acercaron al Obelisco de la ciudad de Buenos Aires donde estaba montado el escenario para disfrutar del concierto integrado por dos piezas de Beethoven: la obertura Leonore III, y la Quinta sinfonía. La West-Eastern Divan Orchestra (en español Orquesta del Diván de Oriente y Occidente, nombre inspirado en un libro de poemas de Goethe) fue creada por el músico Daniel Barenboim y el filósofo Edward Said en 1999 “para reunir, con espíritu de concordia, a jóvenes talentos musicales palestinos, árabes e israelíes, así como un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí”.
“Este proyecto nació con el propósito de combinar el estudio y el desarrollo musical con compartir el conocimiento y la comprensión entre culturas que han sido tradicionalmente rivales. Sus primeras ediciones transcurrieron entre Weimar y Chicago hasta que, en 2002, se estableció definitivamente en Sevilla. Desde ese año también participan en la orquesta jóvenes músicos españoles”. “En 2004 se creó la Fundación Barenboim-Said, con sede en Sevilla y financiada por la Junta de Andalucía, con el propósito de desarrollar diversos proyectos educativos a través de la música basados en los principios de convivencia y diálogo promulgados por Said y Barenboim. Así, la Fundación Barenboim-Said no sólo gestiona la Orquesta West-Eastern Divan, sino otros proyectos como la Academia de estudios Orquestales en Sevilla, el Proyecto de Educación Musical en Oriente Medio y el Proyecto de Educación Musical Infantil en Sevilla”. (Fuente: wikipedia). Cincuenta mil personas escucharon en Buenos Aires durante una hora los acordes de este diálogo. Otros miles lo siguieron desde sus casas por alguno de los tres canales de televisión que trasmitieron en directo. Cualquier posible rédito político de los organizadores quedará en el olvido. Como la incomodidad ó la efímera discusión para obtener una mejor ubicación cerca del escenario o de las pantallas gigantes desde donde se podía ver a los músicos. En la memoria, el espíritu con el que Barenboim y Said idearon la propuesta. En la memoria, la música, al alcance de quien quisiera.