Estación sur
La vieja estación
no está muerta.
Las vías callan
el secreto de sus rieles.
Alguien habrá dormido
su noche de terraplén.
Debieron llevarse los vagones
uno a uno,
furtivamente,
hasta dejar yermos los andenes.
Pudo ser un pueblo fantasma,
como tantos.
Pudo quedar bajo tierra,
desierto mineral sin vida,
durmiente sin amancer.
sin regreso.
Llegaron los feriantes
y con ellos, los collares,
las runas, las kalimbas.
Los pañuelos y los colores
en forma de arabescos.
Imagino el invierno
cayendo blanco entre las vigas.
A lo lejos, un silbido.
Orillas
Salen a caminar, de madrugada, sin ser vistos.
Sólo el rumor de las grúas.
Han venido hasta la playa, en busca de sosiego
Se ha ido la noche.
Un límite preciso, escandaloso ropaje
de maderas mutiladas.
Alguien robó el velamen. El mascaron de proa
es una esfinge tallada con la sombra
de unos palos.
El agua, maldormida, se mece. A quién le importa.
El mar es una excusa en el paisaje.
Todo es quietud. También la herrumbre.
Este rompecabezas inconcluso,
se yergue sin pudores,
desnudo en su osamenta,
como la soledad,
como una voz que es grieta
y es lamento.

