Las pisadas tienen un eco peculiar. El viento las reproduce en el silencio de la tarde.
Un saludo es el símbolo de una conversación sigilosa . Los gestos, modulaciones cordiales y pausadas.
El cielo abierto, sin nudos ni cerrojos.
Los pies en consonancia con la tierra firme, con la arcilla primordial que está latiendo.
Despojados de otras huellas, aprenden nuevas formas de peregrinaje.