Ciega región de negros laberintos
... Algunos temerarios durmieron con la cara expuesta a la luna; la fiebre los ardió; en el agua depravada de las cisternas otros bebieron la locura y la
muerte. Entonces comenzaron las deserciones; muy poco después, los
motines. Para reprimirlos, no vacilé ante el ejercicio de la severidad. ("El inmortal", Jorge Luis Borges)
Cuando salí del último sótano, lo encontré en la boca de la caverna. Estaba tirado en la arena, donde trazaba torpemente y borraba una hilera de signos, que eran como las letras de los sueños, que uno está a punto de entender y luego se juntan. Al principio, creí que se trataba de una escritura bárbara; después vi que es absurdo imaginar que hombres que no llegaron a la palabra lleguen a la escritura. Además, ninguna de las formas era igual a otra, lo cual excluía o alejaba la posibilidad de que fueran simbólicas. El hombre las trazaba, las miraba y las corregía. De golpe, como si le fastidiara ese juego, las borró con la palma y el antebrazo. Me miró, no pareció reconocerme. (Idídem, Jorge Luis Borges).
Detalles ociosos, coartadas, errores aleatorios
"En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi
inmediatos". ( Funes el memorioso, Jorge Luis Borges, Artificios, 1944).
"Nada había sido
olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada
instante tenía su empleo minuciosamente atribuido." (Continuidad de los parques, Julio Cortázar, Final de juego, 1956).
"-¿Por qué me miras así?
Tienes una espina en cada ojo."
(Bodas de sangre, Federico García Lorca, 1931).
"¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía". (Bodas de sangre, Federico García Lorca, 1931).
Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed. (El llano en llamas, Juan Rulfo, 1953).
"Sé que estoy huyendo hacia adentro, hacia
el invierno en este andar, como un
exorcismo.
¿Pero dónde están el agua clara y el pan y
el vino
tibio, el denso almíbar de los higos?" (La casa y el viento, Héctor Tizón, 1984).
"- Cuando se tiene sed, se agradece el agua.
-Yo soy como un campo seco donde caben arando mil pares de bueyes y lo que tú me das es un pequeño vaso de agua de pozo. Lo mío es dolor que ya no está en las carnes." (Yerma, Federico García Lorca, 1934).





