Débora Cardaci, estudio en carbonilla

Débora Cardaci, nació en Buenos Aires, Argentina, el 26 de junio de 1964.
Que haya vivido once años en  los Estados Unidos, en su infancia, no es un dato menor. Fue su primer contacto con una cultura diferente,  que marcaría a fuego su devenir. Lleva el sello de las personas que conocieron de manera temprana la necesidad de adapatarse a algo otro y que las mueve, tal vez por el resto de sus vidas, a seguir indagando, sin perder sus raíces, más allá de las circunstancias y la geografía.



Regresó a la Argentina siendo joven y, a partir de 1986, se dedicó a estudiar Bellas Artes, a la tarea docente y a la creación artistíca. Una tarea de tiempo completo. Una elección de vida. Una ética y un compromiso.  Decir que es dibujante, pintora y escultora es retrarla en el oficio que cumple a las mil maravillas y , sin embargo, no alcanza para definir su personalidad.


Menuda, de ojos brillantes es siempre cauta: prefiere escuchar y observar a interrumpir cualquier diálogo posible con aquello o aquellos que la rodean. Es la atención, su talento para pecibir más allá de lo que habitualmente se ve, lo que mueve sus manos finas y movedizas. En ellas y con ellas habla.
Egresó de la escuela de Bellas Artes  "Prilidiano Pueyrredón", donde estudió con los maestros Enrique Valderrey, Cristina Santander, Juan Carlos Visconti y Clelia Speroni, entre otros. Jamás deja de recordarlos.
Lo mismo que a Bernardo Fontanet, María Cristina Vásquez de Bardin, Antonio Pujia, Guillermo Roux, Jorge Bianchi, con quienes continuó su formación.
Quiso perfeccionarse y conocer el mundo. Movida por ese afán, realizó viajes de estudio en Europa y en América. No guardó para sí. Sus experiencias en cada uno de los países que recorrió quedaron directa o indirectamente plamadas en sus obras, presentadas entre 1987 y 2005 en Argentina y en el exterior (Uruguay, Italia, República Checa, Estados Unidos entre otros). 
Sus trabajos artísticos integran colecciones particulares y han merecido menciones y premios.
Incursionó en la orfebrería que desarrolló en los últimos años que pasó en la Aregnbtina. Desde 2006 vive en Canadá. Varias galerías de ese país exhibieron sus obras cuya impronta figurativa no la exime de ser dueña de una identidad plástica que trasciende el color, la forma y el volumen, atraviesa al espectador y da lugar al asombro.

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